GENUINAMENTE DE PRIMERA

Curicó Unido se mantiene en Primera División para 2019 haciéndose fuerte en casa. Lo reflejan los números: Mientras que de visita es el peor de todos y suma solo ocho puntos (tres en este semestre y cinco en la primera rueda), de local se tornó intratable y perdió solo ante el líder Universidad Católica y en aquel inmemorial 4-3 frente a Antofagasta del 14 de abril.

 

En la cancha se retomó el baby fútbol como estandarte con el cuarteto de talentosos (Zúñiga, Cortés, Blanco y Espinosa) que promedian 1 metro 66 centímetros de estatura. El fútbol se juega por abajo, dicen…

Hay una gran virtud en este Curicó: comenzó a tropezones, zafó y creció, volvió a zonas de peligro (entre las fechas 18 y 22), cayó en la incertidumbre hasta que se agarró a un inteligente pragmatismo y terminó retornando a su origen: el equipo volvió a acariciar el balón y a triunfar.

 

La falta de gol ha sido una constante pero se ha sabido vivir con ello. Curicó es el tercer elenco con menos goles del campeonato y solo supera a los dos colistas en ese ítem. Pero entre Gabriel Vargas, Ricardo Blanco y Mauro Quiroga finalmente sí han concretado y suman 23 de los 33 goles convertidos. En todo el torneo solo una vez el equipo pasó más de una fecha sin anotar (ante Colo-Colo, Antofagasta e Iquique por la segunda rueda) y de sus ocho triunfos, cinco fueron por diferencia de un gol. Curicó entonces supo ganar con lo justo, se consolidó como un conjunto  versado, sobre todo en La Granja y fue aprobando lentamente.

 

Hay varios asuntos que ayudaron a eso, que fueron mejorando con el pasar del campeonato, y que justifican a un Curicó que correctamente sigue en Primera División. Acá algunos datos:

 

Curicó Unido, por ejemplo, dejó de lidiar con el tema de los arbitrajes. En un comienzo fue un asunto prioritario y terminó en cartas formales de la dirigencia albirroja al Comité de Árbitros, en charlas de los jueces a los curicanos para calmar las aguas y en el lienzo de “Los Marginales”: “Quieren bajarnos y no saben cómo hacer”. No solo a Curicó no le marcaban varios penales evidentes (los dos penales cobrados se dieron post reclamos, en la segunda rueda) sino que muchas jugadas divididas eran para el rival. A Curicó le han pitado cinco penales en contra, pero al menos tres de ellos fueron discutibles. Los errores del árbitro, al final, redundaron en algunos resultados (como ante San Luis, Everton y O’Higgins en la primera rueda).

 

Todo aquello pareció quedar atrás y, como consecuencia, se mejoró el comportamiento de los futbolistas en cancha. Los jugadores bajaron de 38 tarjetas amarillas en el primer semestre a 23 en el segundo; se pasó además de seis expulsados a solo dos. El equipo entonces se tranquilizó, amén de la baja en los yerros referiles.

 

Curicó superó también los errores defensivos propios tan repetitivos en la primera parte del torneo. De los 23 goles encajados en la primera rueda hubo 16 resbalones defensivos específicos, errores no forzados, para decirlo en claro. Hablamos del 70% de los goles recibidos que eran fácilmente evitables. Eso cambió y pasamos de la culpa de Eric Godoy, por ejemplo, en el gol que le dio vida a Antofagasta en La Granja, a los envíos directo a la galería del mismo Godoy ante Everton y Palestino este mes que recién pasó.

 

Luego, de los 11 goles encajados a Jorge Deschamps en la segunda rueda, la mayoría han sido virtudes del rival (como los dos de Colo-Colo, el golazo de Munder y la media chilena de Parraguez) y quizás solo en dos existe complicidad de un curicano. A saber: en la génesis del gol de Juan Cuevas de Everton, cuando Coca Díaz le entrega el balón a Pato Rubio; y en el gol de Matías Donoso en Temuco, cuando Deschamps pudo hacer algo más. Serían dos de 11, el 18% versus el 70% inicial, lo que da una baja considerable en los gazapos de algún jugador específico.

 

En la banca, Jaime Vera tomó la posta de Luis Marcoleta y se aventuró con un lenguaje directo. “Cómo tan inocente”, le reclamó a viva voz a Nelson Rebolledo en el juego ante la UC. “Yo no puedo entrar a patear los penales”, explicó después sobre el lanzamiento desperdiciado por el mismo Rebolledo.  “Jugamos mal pero ganamos solo gracias a la cabecita de oro de Quiroga”, asumió en su debut. “Le dije que era malo pa la pelota”, contó sobre Carlos Cisternas.

 

Vera, además, giró en el momento oportuno y dejó atrás su idea inicial de tener como actor secundario a Martín Cortés cargándolo a una banda, y le devolvió la libertad para dirigir la orquesta. En esta web titulamos en ese tiempo “Pásensela al 6”, en referencia al “Enano”, y tras los intentos fallidos de intertemporada y Copa Chile, el tema se arregló y, con ello, el equipo creció paulatinamente en su fondo futbolístico.

Cortés, el jugador más regular del torneo, lleva 2.396 minutos en cancha, equivalentes al 95% del total. Solo faltó a un partido por un problema estomacal de última hora. El equipo, antes y ahora, se teje desde sus pies, convirtiéndose en el líder futbolístico sin contrapeso y una figura consular, tal vez al nivel de Alberto Ortega y Luis Vásquez en 2009 y Alfredo Ábalos en 2017, las otras lumbreras históricas en Primera.

 

Dentro de los cinco jugadores con más minutos en cancha, cuatro son argentinos: Tras el nacionalizado Cortés está Gauna, Deschamps, Franco y Blanco. El tono trasandino del conjunto albirrojo –con varias consecuencias  anexas que atendimos en estas páginas en mayo- es otro de los sellos del Curicó 2018.

Aparte de Martín, el crecimiento de Gauna y la consolidación de Daniel Franco (desde la fecha 10 que es el estandarte de la zaga), hay un punto aparte con Jorge Deschamps. Curicó está entre los cinco equipos que reciben menos goles.

 

El arquero de 34 años –uno de los sujetos más correctos del medio y que podría aportar a Curicó Unido desde lo organizativo, tras su retiro- fue titular en los primeros 12 partidos, hizo banca en los seis siguientes (tres con Marcoleta y tres con Vera) y luego recuperó el puesto. Si bien no ha llegado al nivel que mostró en el Transición 2017 (donde quizás fue el mejor arquero de todos) ha aportado con sobriedad y ponderación.

 

El otro que resalta con luces propias es Kennet Lara. El zurdo creció con paciencia y los aplausos que todos le entregan hoy, no siempre estuvieron. En la primera rueda fue dos veces citado pero no se movió del banco. Iniciando la segunda parte comenzó a jugar pero solo 67 minutos por encuentro, los necesarios para cumplir el reglamento. Incluso fue sacado de la titularidad cuando el rival era de mayor peso (Universidad Católica) y ni siquiera fue citado en la fecha siguiente. Pero Lara, tras tres jornadas fuera, con fútbol y personalidad le dobló la mano a todos y agarró la camiseta más allá del minutaje Sub 20, terminando como una de las figuras.

 

El pichideguano fue el mejor de un grupo de juveniles que sumó “minutos de vuelo” con el primer equipo. En el primer semestre estuvieron citados Alexander Pastene, Andrés Jerez y Carlos Pavez. Jugó Matías Ormazábal y Matías Cavalleri, quien siguió el segundo semestre, donde asomó Carlos Herrera entre los convocados y el mencionado Lara con un protagonismo altísimo. El panorama de los canteranos en el primer equipo mejoró ostensiblemente en un año, fruto del “Grupo de Proyección” que se armó en el búnker de Santa Cristina en 2017 y donde tuvo participación Damián Muñoz.

 

También la plantilla general se perfeccionó durante el año. Se pasó de la escasa participación de Yashir Pinto (38 minutos), Mario Briceño (154) y Diego Pezoa (252) en la primera parte, al aporte específico de Cristián Jelves (211), Neri Bandiera (488) y el propio Lara (834) en la segunda. El Curicó 2018, dicho sea de paso, ha sido un equipo avezado, con promedio de 30 años entre los 11 con más minutos.

Otra gracia es que los jugadores superaron dos problemas que pueden complicar a más de alguno. Primero, las divisiones internas, que quedaron sepultadas en pos del colectivo. Y segundo, el mencionado cambio de entrenador. Contaba el presidente Freddy Palma que le consultó al propio Marcoleta sobre qué sucesor creía él que le convenía al albirrojo. Se buscaba mantener la línea del buen trato de balón, explicó Palma. Así, el dirigente le contó a Marcoleta de las tres opciones que manejaban para sucederlo: Miguel Ponce, Jorge Pellicer y Jaime Vera. Y Marcoleta le respondió que él optaría por Vera, porque aunque con diferencias en el armado táctico, tenían una óptica futbolera similar.

 

Jaime Vera tuvo un mal inicio numérico (eliminado en Copa Chile por el limitado Barnechea y con un 26% de rendimiento en los primeros cinco partidos del Torneo Nacional), pero su gran complejidad estuvo en lo cualitativo, en no poder mantener lo que él mismo proyectó en su presentación. “Yo veía jugar a Curicó y me gustaba. Creo que gracias a Luis Marcoleta este equipo ha tenido jerarquía. Queremos continuar eso”, dijo a su llegada. Sin embargo, y como explicábamos más arriba, Vera propuso cargar a una orilla a Martin Cortés, dándole la elaboración de las jugadas a un volante de contención neto. Curicó entonces entró en la incertidumbre y con un futuro en ascuas. Pero fue allí cuando Vera –acorde a su apodo- sacó la pillería y tuvo humildad para volver a las raíces del equipo, reposicionar a Cortés y regresar a la fisonomía inicial: juego fluido y de tenencia de balón desde Martín.

 

Hoy todos están felices… A falta de dos fechas no solo se aseguró la permanencia en Primera, sino que se repitió la mejor ubicación del año en la tabla de posiciones (10ª), alcanzada en la sexta fecha. Cosa curiosa: ambos picos de rendimiento se obtuvieron luego de las dos mejores presentaciones futbolísticas del equipo: después del 3-0 a Audax Italiano del 17 de marzo y tras el último 2-0 a La Calera. Aquellos fueron los dos partidos donde el Curi mostró su mejor fútbol, con preponderancia por el juego a ras de piso y a la posesión con intención siempre de ataque. Una cosa llevaba a la otra.

 

Por Leonardo Salazar Molina, Periodista.

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *