10 AÑOS, YA

Esta semana se cumplen 10 años del inédito ascenso curicano a Primera División. El Curicó Unido 2008 le sacó seis puntos a su escolta, ganando 10 partidos por 1-0 en La Granja. Anotó 50 tantos en 44 partidos, convirtiéndose en el tercer equipo con menos goles, solo superando a los colistas Fernández Vial y Copiapó. La gracia estuvo en que a Luis Vásquez solo le encajaron 38 goles, por lejos la valla menos batida de la Primera B de ese año. Vásquez fue la gran figura, en silencio, dando seguridad y justificándose como el jugador más relevante de la historia curicana.

 

Curicó comenzó perdiendo de local ante Wanderers. Luego ganó a Fernández Vial, pero volvió a caer ante San Luis, con dos goles de Víctor González, quien en el segundo semestre sería refuerzo albirrojo. La caída en la cuarta fecha frente a La Calera remeció a los opinólogos: que cómo otro año más dando bote, qué pasa con este equipo… En cuatro partidos iban tres derrotas.

Pero antes de la quinta fecha, el martes 26 de febrero de 2008, lanzamos el libro “Pídeme la luna. 35 años de Curicó Unido”. Y ahí todo cambió (¡es broma!). En un Teatro Victoria lleno de hinchas, exjugadores, plantilla de futbolistas albirrojos, dirigentes y amigos, disfrutamos una jornada célebre, hermosa, donde se reunió toda la familia curicana, rescatando el pasado y proyectando el futuro.

 

La semana anterior al lanzamiento, había visitado el entrenamiento de Curicó Unido en el Estadio ANFA. Hablé con el técnico Luis Marcoleta contándole del asunto e invitándolo a él y a su plantel a la presentación. Marcoleta –recién llegado al equipo y con quien conversaba por primera vez- agradeció el gesto, valoró que un club chico tuviera un libro con su historia y me pidió que yo invitara directamente a los jugadores.

Así, antes de la práctica charlé con el plantel que venía golpeado con un mal arranque en el torneo. Los jugadores fueron muy generosos. A algunos los conocía, pues los había entrevistado en el programa de TV que teníamos en el canal local. Con mucha gentileza los futbolistas agradecieron la invitación y me comentaron lo importante de empaparse de la historia del club.

 

Tras el lanzamiento de “Pídeme la luna” Curicó venció 2-0 a Iquique, con goles del recién llegado Rodrigo Riquelme y de Servín; y comenzaría allí una racha de 10 partidos invicto que pavimentó la copa.

El 18 de junio, en un juego pendiente desde abril por la fecha 12, el Curi derrotó a Wanderers en el puerto y logró el título del Torneo de Apertura 2008.

 

Yo seguía haciendo el programa “Curicó Unido en el corazón TV”. Y a la par comencé a trabajar en Santiago, en Radio ADN. Ese miércoles 18 de junio tuve trabajo y seguí el partido vía Internet desde mi departamento, acompañado por varios próceres de la radio: Patricio Cuevas y Jani Dueñas, entre otros.

 

Esa noche en Playa Ancha, Luis Marcoleta se largó a llorar tras el 2-1. Había sido un semestre intenso, donde Curicó Unido se comenzó a perfilar como un equipo sólido, pese a que tenía una historia escuálida; tres años antes estaba en Tercera División.

El Curi perdió en la última jornada del primer campeonato en Coronel, ante Lota Schwager. Ya era campeón e involuntariamente bajó un cambio. A ese partido viajé con mi actual esposa, Fernanda, y compartimos un furgón con viejos reporteros radiales curicanos, de los cuales aprendía un montón. Estaba Julio Ernesto Valenzuela, Luis Figueroa Bravo y Nelson Moreno Rubio, entre otros. Fernanda siempre se recuerda que al regreso, Moreno compró de cocaví un paquete de vienesas y se las comió crudas, como quien come ramitas de queso.

 

El Torneo de Clausura 2008 comenzó de inmediato y Curicó siguió a paso firme, aunque nunca arrasando. Coquimbo tomó un nuevo aire y lideró desde el arranque el segundo torneo del año. Los ganadores del Apertura y Clausura jugarían una gran final. Allí Curicó ya estaba anotado. Pero el premio mayor era para el ganador de la tabla acumulada. A eso había que apuntar.

 

Mi carga de trabajo en Santiago creció. En ADN editaba y producía un programa de cultura y espectáculos con el capo Miguel Davagnino, emblemático comunicador y un tipo excepcional, con el que conversábamos largo y tendido en los antiguos estudios de Eliodoro Yáñez, en Providencia. Miguel fumaba tabaco que expelía un aroma muy agradable. Él siempre me decía que le agarró cariño a Curicó Unido, aunque era hincha de Wanderers.

El programa en ADN iba de lunes a viernes, excepto los festivos. Y en paralelo, mi profesor de la Universidad Católica, Sebastián Campaña, entonces editor de Emol, me llamó para colaborar en la sección deportes del sitio, los fines de semana y festivos. Así, estuve varios meses trabajando todos los días, sin parar, y viajando en alguna ventana mañanera, por el rato, a Curicó para grabar “Curicó Unido en el corazón”. También eso me impidió ver en cancha algunos partidos, aunque después los revisaba en VHS.

 

A todo esto a “Pídeme la luna” le iba bien. En venta y en exposición en los medios. En Santiago colegas me hablaban mucho de Curicó Unido. Yo creía que desde ese primer año de fama, al Curi se le miraba con afecto, respeto y cierta admiración. Por ser Corporación y por tener un grupo de hinchas fieles que se sumaron al carro de la victoria cuando no había victorias.

 

Luego de la séptima fecha del Clausura, Curicó Unido viajó a Santiago para entrenar como sparring de la selección chilena que dirigía Marcelo Bielsa. Llamé a Luis Marcoleta para poder entrar a ese entrenamiento, que me parecía un momento único. A Marcoleta le agradó la idea de presentarle a Bielsa el contexto curicano; el que un periodista pudiera hablarle un poquito del Curi. Y aceptó.

Entonces pedí permiso en Emol a cambio de publicar una crónica general de lo sucedido. Debía dar cuenta de lo que pasaría en Juan Pinto Durán, pero a su vez respetar cierta confidencialidad de la cita, aunque los límites con Marcoleta, la gente de la selección y mi editor estaban claros. No hubo problemas.

 

Viajé tipo 6:00 de la mañana a Curicó solo para subirme al bus de la delegación a eso de las 8:30 AM y regresar con ellos de inmediato a Santiago. En Pinto Durán nos recibió Daniel Morón, Eduardo Berizzo y Patricio Jerez, coordinador de la Roja. Luego de mostrarnos los arreglos del Complejo, con una nueva zona de canchas y hospedaje para los jugadores, almorzamos Morón, Berizzo, Marcoleta, su cuerpo técnico y yo. Fue de esas charlas inolvidables, llenas de fútbol y con un Eduardo Berizzo muy dispuesto a conocer Curicó Unido. Él me entregó su número celular y hablamos tras el título a final de año y un par de veces más.

 

Por la tarde de ese día de agosto se jugó el amistoso. Curicó viajó con 13 futbolistas y Bielsa apareció para saludar y luego se ubicó en el segundo piso de lo que era también su casa, en una especie de terraza de madera que tenía vista privilegiada a la cancha. Su equipo debía enfrentar el 20 de agosto a Turquía y luego medirse con Brasil y Colombia por las Clasificatorias rumbo a Sudáfrica 2010.

 

La parte futbolística de la cita la publicamos en Emol al día siguiente, como estaba acordado. El lado B del encuentro está guardado. Aunque ahora podemos esbozar algunas cosas: Apenas terminó el partido -después de que los seleccionados Daúd Gazale y Luis Pedro Figueroa saludaran a Marcoleta, quien los había hecho debutar en Primera- Marcelo Bielsa bajó a la cancha y apartó al DT curicano para conversar. Luego de un par de minutos de charla, Marcoleta me hizo una señal para que me incorporara. Ahí me presentó a Bielsa y rápidamente le entregué un ejemplar de “Pídeme la luna”. Fueron unos 15 minutos donde estuvimos los tres conversando. Bielsa consultaba mucho sobre Curicó Unido; le interesó aquello de que venía de 15 años en Tercera División y que ahora luchara por subir a Primera de manera inédita. También hablamos de Newell’s Old Boys.

 

Bielsa, comentó también, había visto en el CDF a Jaime Nova, coincidentemente ex entrenador de Curicó, decir que el rosarino debería mirar jugadores en la Primera B para convocarlos a la selección. Bielsa, entonces, le preguntó a Marcoleta si él encontraba que debía hacerlo. Pidió antecedentes de varios jugadores y volvió una y otra vez a hablar de fútbol, táctica y tradiciones.

 

En la despedida, los dirigentes curicanos le obsequiaron una botella de vino grabada con su nombre y unas tortas curicanas. El nexo entre Bielsa y Curicó se mantuvo, tanto que el DT de la Roja visitaría más de un par de veces Curicó, para disfrutar del Complejo Santa Cristina, ver fútbol en La Granja y degustar las plateadas del restaurante “Colo-Colo” de Romeral.

 

Tras esa mítica jornada, Curicó Unido estuvo cinco partidos sin ganar. Coquimbo presionaba, también Puerto Montt, hasta que llegó la fecha 13. En Collao, Curicó venció 1-0 a Fernández Vial con gol de penal de Víctor “Guagua” González, a cinco minutos del final. Luego vendría una sola derrota en siete partidos hasta llegar al 1-0 sobre Puerto Montt del 27 de octubre de 2008.

 

Ese día, desde Emol me enviaron como corresponsal a cubrir el posible ascenso del Curi. (Yo lo propuse, en rigor). Dejé una nota armada, lista para publicar tras el pitazo final, con el título incluido: “Curicó Unido hace historia al ascender por primera vez a la división de honor”. Solo guardé un espacio a completar, que se llenó así: “El gol de la historia lo marcó el defensa paraguayo Rodrigo Riquelme mediante cabezazo, a los 25 minutos del primer tiempo”.

 

Ese lunes vi llorar a Julio Ode, abrazado de Juan Pablo Cárdenas y Edith Véliz, dirigentes emblemáticos. Vi en cancha el festejo de Vásquez, Juan Carlos Muñoz, Riquelme, Pato Araya, Mardones, Briceño, Bechtholdt, Albornoz, Moreno, Iván Sepúlveda, Jonathan Núñez, González, Marcos Sepúlveda y Servín, todos los que jugaron ese duelo memorable. Vi a Jaime Vera, entonces entrenador de Puerto Montt, masticar la derrota. Y supe que una de las cábalas del plantel era juntarse a fumar en medio de las concentraciones. Y claro: también supe que Curicó Unido, por fin, estaría en las ligas mayores.

 

Por Leonardo Salazar Molina, Periodista.

 

 

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