EL PARTIDO FINAL

Si Curicó Unido derrota a Palestino este sábado, se mantiene otro año más en Primera División. Las matemáticas arrojan una opción remota para que eso no ocurra: Curicó tendría que perder los restantes cuatro partidos, e Iquique, Everton, Palestino, Temuco y San Luis ganar todo lo que les queda, anotándole local a los enfrentamientos entre ellos (Iquique vs. San Luis, Palestino vs. Iquique, Everton vs. Palestino)… Asunto quimérico, absolutamente.

 

El foco entonces es Palestino. Un equipo que cambió en una semana, y que llegará a La Granja literalmente renovado. La salida de Sebastián Méndez –que había debutado en mayo, ante Curicó en La Pintana- giró a un equipo que, además, venía peleando en paralelo una carrera igual de importante, la Copa Chile. Palestino es hoy finalista del certamen y no solo podría volver a campeonar luego de 40 años, sino que se metería otra vez en Copa Libertadores de América. Y encima, volvió a jugar con un equipo grande en casa, animando su sentimiento de pertenencia y de que son capaces de eso y más. Se alentaron y reanimaron, definitivamente. En tal solo siete días.

 

Asumió Ivo Alexie Basay (Alexie, no Alexis). Y aunque es bastante básico pensar que su equipo repetirá el libreto presentado ante Universidad de Chile, el juego por semifinales de Copa jugado la semana pasada, es el único que tenemos a mano para desentrañar al nuevo Tino Tino.

Al arco se mantuvo Sebastián “Zanahoria” Pérez. El golero tiene una historia particular. En 2018 vive su primera temporada como futbolista consolidado en Primera División. En el año y medio anterior fue suplente en Everton, donde jugó un solo partido. Y antes de eso brillaba en la Segunda Profesional con Puerto Montt. “Zanahoria” es el típico caso del jugador que le ganó a la vida. Siendo niño murió su padre y siendo joven falleció su madre. Se separó de sus hermanos y se dedicó al tenis -alcanzó a ser número 5 de Chile en infantil- para luego decantarse por el fútbol. Ahí, ya está dicho, se consagró “viejo”, a los 27 años. Es un arquero justo, concentrado y con barrio.

 

La defensa mantuvo como destacado a Guillermo Tomás Soto. El formado en Católica puede asomar como revelación pero: uno, ya tiene 24 años y dos, su carrera hasta ahora la había hecho en el Ascenso, con periodos subrayados en Rangers y Barnechea.

Pérez y Soto son el ejemplo de jugadores que se fueron armando con paciencia. Buenos en sus puestos, con experiencia de día a día, de fútbol anónimo pero fútbol al fin.

 

Como centrales, Basay escogió la experiencia. Ubicó allí al uruguayo Alejandro González, que ha jugado poco pero tiene un currículo superior: fue titular en Peñarol, donde ganó dos títulos, y viene del fútbol italiano. Y aunque lo acompañó Enzo Guerrero, otro que ha hecho carrera en la B, también está el argentino Oliver Benítez, con extensa historia en Gimnasia y Esgrima de La Plata. Los dos extranjeros bordean el metro 85 de estatura.

 

Por la izquierda juega Diego Torres, el chileno, que es volante retrasado. Si se repite esa línea de cuatro en La Granja, la fórmula es clara: laterales con olfato ofensivo y centrales altos, fieros y que suben solo para las pelotas detenidas, apoyándose en algún volante de contención para la labor en zona propia: Diego Rosende o Agustín Farías.

Rosende es un clásico futbolista chileno. Parece uno más, pero lleva más de una década en Primera, con cerca de 250 partidos jugados. Formado en Universidad Católica y en el colegio Verbo Divino, conoció el otro fútbol en La Serena y Coquimbo. Piensa, se ordena él y a los demás, sabe jugar con y sin pelota y es el soporte para el resto de sus compañeros.

Farías, argentino y que hace un año enfrentó a Real Madrid por Liga de Campeones, tiene movimientos que cuesta predecir. Puede estar en la zona de los centrales, iniciando la jugada, pero también llega al área rival, para definir alguna jugada.

 

De ahí hacia arriba vino el gran cambio con el cambalache de mano técnica. Julián Fernández siguió con la libertad para generar juego, principalmente por el costado de la cancha. Con varios años en All Boys de Argentina, el trasandino de 23 años completa su segunda temporada en Palestino.

Luis Jiménez tomó el peso de las labores de enganche con los delanteros. No es necesario hablar del pedigrí del jugador. Sí podemos agregar que al volante de 34 años todavía le queda físico y fútbol.

El damnificado fue Japo Rodríguez. El ganador fue Matías Campos, que junto a Roberto Gutiérrez no solo suman 19 goles sino que se complementan como arietes de tomo y lomo. Gutiérrez ha anotado más de 100 goles en su carrera. Campos se acerca. Ambos están en gracia y liquidan con variantes: derecha, zurda, con técnica, con fuerza, con cabezazo y oportunismo. No son delanteros irrelevantes.

 

Por último, hablemos de historia.

 

Luis Mena, que estuvo en buena parte de la decena de Copas Libertadores donde Colo-Colo no pudo avanzar de fase, contaba que año a año los jugadores se juramentaban que esa carga no era suya; que debían creer en su  presente y descreer de su pasado. Pero con el tiempo, dice, se dio cuenta que esa sombra histórica igual se colaba en el camarín. Y que había algo con eso: si Colo-Colo no lograba clasificar desde hace tanto tiempo, los medios, su familia y todo el entorno se lo recordaban en cada campeonato. Entonces la presión era mayor; entonces la historia sí jugaba también.

 

Palestino es un equipo emblemático. Los viejos, que siempre saben más, dicen que el Palestino del 55 fue de los mejores equipos que se han visto en Chile, comandados por Roberto “Muñeco” Coll. Coll era el ídolo de infancia de Arturo Salah.

El equipo árabe volvería a ser campeón nacional en 1978. Uno supone que el “Perro” Varas, Elías Figueroa, Fabbiani y Pinto de alguna manera se las arreglan para acompañar a los jugadores presentes en La Granja. Que esas dos estrellas de algún modo brillan siempre arriba de su equipo…

 

De historia, claro, también hablamos con el regreso a Curicó de Ivo Basay.

Fue en 1984 cuando, tras perder la final de la Copa Polla Gol, Sergio “Quito” Gutiérrez, que trabajaba como preparador físico de Magallanes, recomendó al joven Basay. Ivo llegó a cambio de 200 mil pesos, con un préstamo por un semestre. El viernes 27 de julio del 84 firmó por el club y comenzó a entrenar y terminar sus estudios en el Liceo de Hombres de calle Estado.

 

Cuando Basay aterrizó en Curicó ya había jugado tres partidos por la selección juvenil de Chile. Debutó con la albirroja dos días después de llegar a la ciudad y marcó un gol. Fueron en total 14 partidos y 5 goles para el jugador albirrojo con más pergaminos de la historia.

 

 

Por Leonardo Salazar Molina, Periodista.

 

 

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