LA FUERZA VIENE DE LA TIERRA

Me gusta Weichafe. Weichafe es un grupo de rock chileno que en su más reciente larga duración, titulado “Mundo Hostil”, incluye la canción “La fuerza viene de la tierra”. Ahí, Angelo Pierattini le escribe a la sociedad y a la ciudadanía.

Dice: “Vas a oír como un río fluye por tus venas / y a sentir que la fuerza viene de la tierra / Subirás, volarás, vivirás algo más”.

 

Pierattini apunta a esa rebeldía de cuando uno despierta, comunitariamente hablando, y co-construye un mundo mejor. Pero también refleja algo más general: Cuando un grupo empuja el mismo carro, de cualquier cosa que estemos hablando, los asuntos terminan por cuajar y funcionar… Es cuando el uno se transforma en varios. Y el varios resume un esfuerzo común, sólido y macizo. Como en la vida o como en un partido de fútbol jugado en el estadio La Granja, el pasado domingo 7 de octubre, y donde Curicó venció a Everton de Viña del Mar.

 

El equipo albirrojo ganó el domingo su partido clave, su match tal vez decisivo para mantenerse en Primera División. Y lo hizo argumentando con lo que desde este rincón hemos definido como la esencia del equipo jugando como local: Curicó ganó en base a un pragmático coraje. Y a garra, entrega y todo ese montón de adjetivos que se repiten cuando se trata de definir a esos equipos que, sin ser finos futbolísticamente, vencen por bravura. Hay una fuerza intrínseca, que en el caso del Curi, también viene de la tierra.

 

Curicó Unido, está más que claro, es un equipo chico. Humilde y de provincia. Su motor es la labor de overol, el deseo de superar las metas principalmente porque te agrupas, te enfocas y aceleras. El sino del periférico, del marginado.

En el fútbol, recordemos, todas estas cuestiones tan afines a las películas de guerreros terminan por realzarse, más todavía, cuando volvemos a la esencia del juego: en 90 minutos hay un enfrentamiento y lo ejecutan futbolistas que, por naturaleza, dependen de varios aspectos que están fuera del ámbito futbolístico/táctico. Esa actitud juega. Importa y es real. No son solo frases de pergaminos para aleonar porque sí.

 

Son muchos los futbolistas de Curicó Unido que actuaron por el albirrojo en Segunda División. Algunos conocen al club desde Tercera incluso. Ante Everton jugaron ocho futbolistas que estuvieron con el equipo en la B. Desde ahí ellos, los protagonistas, han construido un compromiso y una mística de identidad con la camiseta y el escudo. En base a eso se reunieron hace un par de semanas, reconocieron que tuvieron graves disputas internas, con un camarín dividido, pero que lo principal era centrarse en el rendimiento del equipo y en sacar la tarea. Los bandos levantaron bandera blanca y aunque los polos siguen, en la cancha hay tregua total y todos se alinean y unen.

 

Luis “Zorro” Álamos hablaba de que en el fútbol, aparte de lo futbolístico y táctico, está lo físico y psicológico. Esos dos puntos, sobre todo el último, se refieren a lo señalado más arriba. Todos los epítetos descritos, el poner huevos o jugar como perros, son verídicos en tanto parte del juego. Para los futbolistas no es lo mismo jugar con una motivación extra o no. Uno supone que trabajan para bajar esos niveles de diferenciación. Que si se juega con 100 personas en una cancha perdida del norte, sin TV, igual dejarán todo lo que tienen en la cancha para ganar. Pero en la práctica aquel es un desafío. Y cinco mil personas flameando banderas y cantando en apoyo, evaporan cualquier atisbo de despiste y dudas. Con el ambiente del domingo en La Granja los jugadores entran, se concentran y ejecutan. No piensan siquiera en la motivación, porque está ahí, se huele, está por doquier.

 

Será ese entonces el nuevo Curicó. Con súper-poderes en casa, con más vaivenes de visita, pero que aprueba el examen con nota satisfactoria. Ocupando la fuerza que viene de la tierra. Una fuerza colectiva que hunde a los cómodos forofos de escritorio, cuyo aliento a distancia se disipa. Una fuerza –por lo demás común en muchos equipos del fútbol chileno- que crece de local. Es ahí donde el Curi se convierte en un animal deseoso de gloria. Es allí donde vuelve a jugar el próximo sábado 20 a las tres de la tarde. Y donde, de ganar a Palestino, asegura su permanencia en Primera, más allá de lo que digan las matemáticas.

 

Por Leonardo Salazar Molina, Periodista.

 

 

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