SILENCIO

Estos días se cumplen 45 años del Golpe de Estado en Chile. Fue en 1973, mismo año donde se fundó Curicó Unido, cuando se quebró la institucionalidad del país y se robó la libertad a cada uno de los chilenos.

1973 había comenzado con malas noticias para Curicó. 31 muertos y ocho heridos dejó un accidente automovilístico en Chimbarongo, donde todas las víctimas fueron dirigentes y jugadores del club deportivo Carlos Condell.

Curicó entonces contaba con 44 mil habitantes. Los que tenían televisión miraban “Música Libre” o la serie “Doctor Mortis”; quienes preferían el cine iban al “Victoria” a ver la antigua “Lo que el viento se llevó” o al “Rex” a seguir la comedia “¡Viva la Vida!” con Palito Ortega y Hugo del Carril.

 

Aquel 1973, y luego de muchas gestiones, Curicó Unido fue aceptado por la Asociación Central de Fútbol. Dentro de la dirigencia albirroja no se hablaba mucho de política, aunque uno de los ejes fundadores, José Fernández Balbín, era un reconocido franquista en España y apoyó a Pinochet desde el día uno.

Contaba el difunto Edmundo Rojas, primer presidente del club, que a fines de 1973 regresaban tras un amistoso en Coya y los carabineros comenzaron a disparar el bus del equipo. Decía Rojas que había tensión en el ambiente y nadie estaba ajeno. Que ellos gritaban “¡No disparen si somos de Curicó Unido!”.

 

El lunes 10 de septiembre las autoridades locales anunciaron la construcción de una pista atlética en el Estadio La Granja. El martes vino el Golpe, el miércoles no circularon diarios y el jueves, volvieron a la luz algunos periódicos que lograron imprimirse con un salvo conducto de la Junta Militar. Uno de ellos fue La Prensa de Curicó, totalmente afín a los militares golpistas. Aquel jueves 13 el matutino maulino informó en portada sobre el partido entre Rangers y la selección de Curicó a realizarse “los próximos días”; al lado, en un pequeño recuadro, confirmaba la muerte del presidente electo tres años antes, Salvador Allende.

 

Con el pasar del tiempo Curicó Unido comenzó a modelarse al ritmo de las nuevas autoridades. El club estuvo plagado de funcionarios de la dictadura. El presidente de la institución Rodolfo Ramírez fue diputado por el Partido Nacional y el alcalde y futuro congresista, Sergio Correa de la Cerda (UDI), también dirigió a los albirrojos.

En 1987 Miguel Nasur, presidente de la ANFP, amenazaba con eliminar a Curicó Unido del profesionalismo por falta de recursos. El lobby llegó hasta La Moneda, donde Alberto Cardemil, hijo de Ramón, expresidente del club, era subsecretario del Interior.

 

En Curicó, no olvidemos, el Regimiento de Telecomunicaciones número 3 fue centro de detención y tortura entre 1973 y 1975. Allí existía un sector conocido como “El Picadero”, que antes funcionó como lugar de entrenamiento para la equitación y el adiestramiento de caballos y que luego sería el epicentro de los vejámenes más horrorosos que puedan existir: Esos que comete un Estado contra una persona natural, contraviniendo incluso los convenios como el de Ginebra, que regulan los conflictos armados.

Fue el caso, por ejemplo, de Luis Hernán Trejo, obrero municipal que fue detenido en su casa el 15 de septiembre de 1975 -un día después de que Curicó Unido le ganara 1-0 a San Felipe ante 1.578 personas en La Granja, con gol de Hugo Pantoja de penal- por tres civiles pertenecientes a la DINA, sin identificación, que se movilizaban a bordo de una camioneta gris. Trejo es hoy uno de los 1.210 detenidos desaparecidos.

 

A todo esto, en unas canchas aledañas del Regimiento, ahí cerca de “El Picadero”, entrenaba Curicó Unido, el equipo albirrojo, preparándose para algún campeonato del Ascenso en esos años.

¿Qué tiene que ver la política con el fútbol? Pues mucho. Quizás demasiado. Ambas articulan al pueblo, a la gente, a los hinchas. En ambas nos encontramos todos, como comunidad. Por eso hoy 11 de septiembre, como otros años, yo iré al Estadio Nacional, que también fue ocupado como centro de detención de la dictadura. Allí abren las puertas por la noche y en penumbras, iluminados solo por unas emocionantes velas, uno se sienta y mira la cancha vacía. Y piensa en los regates que en ese lugar hizo Pelé, Maradona, Di Stéfano y Messi. En las filigranas de Leonel, Matador Salas, Zamorano y Elías celebradas ahí. Y en los gritos en silencio de miles de compatriotas que sufrieron al borde de un campo de fútbol.

 

Por Leonardo Salazar Molina, Periodista.

 

 

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