CICLOS

Hacia 1980 Curicó Unido sumaba seis temporadas en Segunda División. Hasta ahí había sido un equipo de medio pelo, con rendimientos mediocres, siempre peleando por no descender.

 

Por eso llamó la atención que el recién asumido presidente Juan Petinelli, declarara a inicio de aquella temporada sus deseos de dar el golpe y subir a Primera División: “Nuestro objetivo es estar, a lo menos, en la Liguilla de Promoción”, dijo Petinelli.

 

Mientras el Curi -con figuras como Francisco Quinteros, Luis Vidal, William Noble y Hugo Wastavino- pensaba en lo más alto, la directiva les proponía a sus futbolistas pagarles las mensualidades en letras a 30 y 60 días.

 

Tanto aire de grandeza terminó en la contratación del volante Jorge Aravena, que luego sería figura de la selección nacional, pero “Mortero” desistió a última hora de viajar a la VII Región.

 

En la cancha el albirrojo sorprendió en la Copa Polla Gol de Segunda División al darle vuelta el partido a Huachipato. Aunque luego caería por penales quedando fuera de las semifinales, “había con qué” –se dijo- se podía delirar con subir a Primera, aunque las bases estuvieran tan enclenques como la tesorería del club.

 

El déficit era gigantesco y a mitad de año ya se debían 3 millones de pesos (se doblarían en diciembre). A un partido a Copiapó se viajó en una sencilla micro Galgo Azul, pues no había para más. Para contar más miserias, el entrenador Sergio Navarro, flamante capitán de Chile en el Mundial del 62, renunció a su cargo y el propio presidente comenzó a dirigir, secundado por Esaú Bravo, futbolista del plantel.

 

Al momento que se inauguraba el espléndido Paseo Yungay, se contrató a Guillermo Báez como nuevo estratega, entonces bordeando los 70 años y que para condimentar más las cosas, dijo a su llegada: “Yo vengo a jugar el fútbol total”.

 

El final de la historia es penoso. Curicó cayó en la banca rota, Petinelli tuvo que poner dinero de su bolsillo para no irse a la cárcel y el equipo, con sueldos impagos hasta la última fecha, fue colista y con ello dio por terminada la primera ronda profesional de Curicó Unido en su bitácora.

 

En 1990, en el segundo traumático descenso del club, tal vez la lección se aprendió. Nos bajamos de la nube y Sergio Gutiérrez, a sabiendas de la escasez de recursos, apostó por jugadores de la zona, liderados por Manuel Díaz, Larry Aliaga y Sandalio Díaz y ayudados por el “foráneo” Walter Segovia.

 

El problema creció, lastimosamente, en lo económico. La deuda de aquel año llegó a nueve millones de pesos, porque la danza de gastar más de lo que se tenía era norma.

 

A mediados de temporada se habló la posibilidad cierta de pedir un receso indefinido para el club. Y en medio de la crisis, Gutiérrez se fue con una oferta a Ñublense y como DT llegó Manuel Rubilar, el conocido “Coco”, exlateral izquierdo de Colo-Colo 73.

 

Estos días, ya en 2018, entrevisté a Rubilar y recordaba claramente su paso por Curicó. “No había plata ni para pagar las pensiones. Los jugadores llegaban donde mí y me decían: ‘Profe, nos quieren echar de la casa, apenas tenemos para la comida’”.

 

Inmersos en la Liguilla del Descenso, a Rubilar y sus pupilos les ofrecieron pagarles solo un cuarto del sueldo de un mes. Se negaron. Echaron al entrenador. Llegó el salvador del 83, Ricardo “Keno” Horta pero no había vuelta. Curicó perdió su último match ante Valdivia, donde actuó un brasileño que nunca más jugó (Celso Dos Santos) y desapareció otra vez del mapa.

 

Luego de los 15 años en Tercera División y de un crecimiento paulatino y progresivo, volvimos esta temporada a apostar, fantasear y delirar con nuestros cíclicos aires de grandeza. Aunque estuvimos en el 10° puesto en la primera rueda, había que buscar otra receta pues Curicó, redoble de tambores, ¡”Debe llegar a la Copa Sudamericana”!.

 

Ahora quedan ocho partidos y el panorama es peor que iniciando la rueda de revanchas. En el receso de invierno Curicó estaba a cinco puntos de la zona de descenso y con dos equipos entre medio. Hoy está a tres unidades y con el precipicio directo, sin compañía. Peor a todas luces.

 

Es difícil proyectar futbolísticamente el cierre de torneo porque el albirrojo no tiene una fórmula táctica clara ¿Se le puede ganar a O’Higgins? ¡Por cierto! Pero basándonos en la luminosidad de algún crack en la tarde del próximo domingo 23 de septiembre. De ahí en más, disfrutaremos lo que viene. Y lo disfrutaremos porque estamos en Primera y allí somos novatos. Y porque intentamos –o queremos hacerlo- aprender de lo que nos ha pasado, revelar nuestros propios ciclos. Ya lo sabemos: Para ser grandes, primero, hay que sumar conocimiento y sobre todo prepararse, no gritar al cielo un simple deseo hueco, como el 80, como en 2018.

 

Por Leonardo Salazar Molina. Periodista.

 

 

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