LOSE-LOSE

Algunos expertos en marketing hablan del win-win (“ganar-ganar”); en una negociación las dos partes salen felices o al menos terminan “dentro de sus rangos objetivos”. La economía con esto funciona, fluye y nadie se queja, pues todos ganan.

Pero en la teoría de compra y venta también existe el lose-lose (“perder-perder”); por alguna razón el que entrega y el que recibe se muestran insatisfechos y están peor que en el momento previo a la transacción.

 

Todos los que han protagonizado el Curicó Unido 2018 sufren un lose-lose. Porque a esta altura el equipo perdió, el entrenador saliente también, el que llegó ni qué decir y los dirigentes, quizás, perdieron más que todos.

 

Curicó tenía como gran valor futbolístico la buena posesión de balón en el mediocampo. Asunto destacado por todo el medio nacional, la zona central del equipo articulaba un juego meticuloso pero rápido cuando se avanzaba a la zona de ataque. Aquello se conquistó luego de un trabajo de tres años y tras convencer, entrenar y acomodar a dos ex volantes de salida para las labores de contención, como punto de partida.

Martín Cortés y Sebastián Zúñiga alcanzaron el máximo nivel de sus carreras organizando el fútbol desde atrás, ya no como elementos de enlace con los delanteros. Desde ellos Curicó Unido -en Primera B, Transición 2017 y primer semestre 2018- mostró un buen fútbol, tenía variantes de ataque y sorprendía a sus rivales, incluso a los más engalanados (más detalles de esto, se puede revisar en columnas anteriores).

 

Eso se perdió. Ya no está, se extravió. No por arte de magia sino por una decisión –absolutamente válida, por cierto- del nuevo cuerpo técnico curicano. Aunque Jaime Vera declaró que le encantaba ese tono del equipo, esa forma, y que quería mantenerla, su gran cambio fue instalar a un volante de corte, con noción de defensa central, para que completara un triángulo con los dos zagueros y con ello asegurar el bloque defensivo.

La estrategia de Vera fue replicar lo que bien le funcionó en Iquique: arropar su ejército y entregarle los fusiles a un par de jugadores en ofensiva, empoderando al crack por sobre el tejido colectivo (asunto opuesto al que Curicó nos tenía acostumbrado). Pero esa táctica ha fallado. No solo por una cuestión cuantitativa -el equipo fue eliminado por un club de la B en Copa Chile y luego ha decaído en la tabla de posiciones de Primera- sino por las posibilidades que ha mostrado en todos sus partidos.

 

“La idea es que le llegue la pelota rápido a los delanteros, pero están recibiendo todo de espaldas. Por eso nos cuesta tener opciones de gol. Y más encima el 10 termina retrasándose y se pierde. Ya no tenemos ese toque o el ataque por varios lados. Terminamos con puros pelotazos”, me explicaba off the record un futbolista curicano que juega de titular. Claro: Ante Iquique, por ejemplo, Quiroga y Vargas tomaron contacto con la pelota decenas de veces, pero siempre marcados, atosigados por la defensa rival y con la única posibilidad de descargar hacia atrás. Y Espinosa, el 10 en fase ofensiva, debía cargarse a la izquierda y acompañar a Kennet Lara para taponear la subida de Leonardo Rolón. Ahí el 10 se diluía.

 

Por eso mismo es que en esta pasada también ha perdido Jaime Vera. Su apuesta no ha funcionado y la figura del técnico histórico en Iquique y que hace tres meses no llegó a la banca de Colo-Colo por muy poco, se fractura. El equipo de Vera no logra levantar a esa figura que represente a su equipo. “En Iquique él le daba todo a Gonzalo Bustamante, Diego Torres y el Chancho Ramos. A los otros jugadores no nos pescaba mucho. Esa es su fórmula. Nos pedía que le llegara la pelota rápido a ellos y como esos tres andaban bien, el equipo ganaba”, me reveló un actual jugador del elenco nortino que tuvo al “Pillo” como DT.

 

Con todo, Curicó entonces se ve hoy huérfano de ideas; perdió la sinfonía de fútbol que mostró el primer semestre. Los futbolistas se sienten extraños en la cancha (como Martín Cortés cuando fue ubicado a la izquierda, al inicio del proceso). Y Jaime Vera malgastó su crédito ganado con justicia –guste o no, su forma de juego es legítima- y a diciembre de 2018 ya no será el entrenador que viene de pelear por los primeros lugares, sino uno que luchó hasta el último por zafar del descenso.

 

Perdió el equipo, los jugadores, Jaime Vera… ¿Y el técnico saliente? ¡También perdió!

Luis Marcoleta llegó a Deportes La Serena y en cuatro jornadas no ha podido ganar. El fin de semana se enfrenta a Coquimbo Unido, en uno de los clásicos más potentes del país y otra derrota podría oscurecer su panorama. Su equipo no encuentra la llave, Marcoleta no encuentra a su once, y el entorno papayero habla de lo defectuoso de la estructuración del plantel a inicios de año. Marcoleta –que por fin estaba mostrando sus pergaminos en Primera División- está ahora en el mapa del Ascenso, bregando con un elenco desconectado y que requiere un tiempo que no tiene para encontrarse.

 

Por último, quizás los más perjudicados con este tormentoso invierno son los dirigentes de Curicó Unido. A sabiendas de que Luis Marcoleta terminaba contrato a mediados de 2018, esperaron hasta el final de la primera rueda para comenzar a negociar y, lo peor, con un discurso confuso y con unas ganas mayoritarias de que Marcoleta se fuera. Ellos, los dirigentes, puede que vieran cuestiones futbolísticas que nadie más veía; puede ser. Es posible que vayan dos pasos más adelante que todos. Pero al momento de decidir la salida del DT, buscaron a otro entrenador con un pasado bastante exitoso pero que se diferenciaba del primero en cuanto al cómo.

 

Los jugadores, lacerados y damnificados, han tenido dos escuelas distintas en un par de meses. Sistematización versus intuición; equipo compacto, con pelota al piso y futbolistas solidarios con labores compartidas versus ataque directo con balonazos dirigidos y diferenciación de funciones (el viejo “pásesela al que sabe”). Mucho juego por bandas y variantes versus protección al talentoso y apuesta a la opción individual. Salah versus Acosta, si me apura… “Creo que tendremos que hablar con Vera para tratar de mejorar la forma en que estamos llegando al ataque, porque así como hasta ahora, no nos funciona”, me confidenciaba el mismo jugador albirrojo citado más arriba.

 

¿Conocían los dirigentes curicanos las dos tendencias que quisieron mezclar en una temporada? ¿Tenía Curicó 2018 un jugador estrella excluyente, como Alfredo Ábalos el año pasado, que pudiera sustentar la idea de Vera? ¿Importa el modelo futbolístico o la gracia es lisa y llanamente pegarle al palo al gato y escalar “pensando en la Copa Sudamericana” como se repetía el primer semestre? Hasta ahora perdieron ellos, los directivos. Y perdió aquel, éste y estos. Y los hinchas que siguen al equipo, también. Lose-lose como dirían los economistas. Nadie puede festejar.

 

 

Por Leonardo Salazar Molina

Periodista.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *