PASENSELA AL 6

 

Futbolísticamente hablando, Curicó Unido viene en progreso desde mediados de 2015, fecha en que asumió como técnico, en su segundo periodo en el club, Luis Marcoleta Yáñez.

Parte del crecimiento del equipo -que se consolidó en el Ascenso, mostró un fútbol avasallador en esa categoría, luego destacó en Primera, se mantuvo firme allí y pudo replicar aquel modelo en esta otra división- se debe al buen funcionamiento del mediocampo.

Curicó fue mutando esa zona en estos tres años. Comenzó con un volante de contención preferentemente destructor. Simbólicamente, en el reestreno de Marcoleta en la banca, el 6 fue Alejandro Camargo, que a las semanas sería trasferido a Universidad de Concepción. Luego tomó la posta Francisco Silva o Franco Bechthold, y a veces el mixto Braulio Baeza o Ignacio Caroca, también con más virtudes defensivas.

 

Fue en la temporada 2016-2017, esa donde el equipo se coronó como el resplandeciente campeón, cuando se comenzó a tejer la idea de que el mediocampo de Curicó Unido sería construido desde un 6 virtuoso y con tres volantes de salida, tres 10, tres jugadores con pasado de armadores.

Martín Cortés, Sebastián Zúñiga y/o Sebastián Rivera comenzaron a utilizar poco a poco el puesto de volante de contención. Esa idea tenía un trasfondo: el control de balón en el mediocampo curicano debía ser cristalino y prolijo, y desde ese futbolista comenzarían a elaborarse las jugadas en base a la mentada posesión de pelota.

 

Para no redundar en la posesión por posesión, en el manejo perezoso y aburridor de la pelota, Marcoleta trabajó la idea de la –también famosa a esta altura- “transición rápida”. Cortés, Zúñiga, Rivera o incluso Tato Silva, se posicionaban en la “jugada uno” entremedio de los centrales o cerca del punto de mitad de cancha, para recibir el balón y rápidamente construir esa “jugada dos”, con más gente en ofensiva. Y, aquí una de las claves, intentando este 6 romper líneas él mismo (ayudado por su técnica individual) o buscando asociaciones, amén de las variantes ofrecidas: los otros dos volantes, el par de punteros bien abiertos, el nueve metido entre los centrales o uno de los dos laterales que avanzaba por su banda.

 

El 10, devenido en 6, era el constructor de este nuevo Curicó Unido que arrasó con sus rivales.  Ya en el segundo semestre de 2015, afirmados en el nuevo modelo de Marcoleta, buscando una especie de revolución para la Segunda División con la idea de imponer buen fútbol por sobre la rudeza física, Curicó Unido solo perdió un partido de 16. Y luego, tras los mentados dobles 6-0 a Concepción y Ñublense, vinieron los 22 partidos invictos y el prodigioso ascenso.

La forma de juego de Curicó con este 6 armador y constructor fue lo que permitió lo anterior. La gracia estuvo en que el equipo comenzó a fluir de tal manera que los mismos jugadores lograron replicar esa fórmula ahora en Primera División. Se habló entonces de este nuevo elenco del Transición 2017 que tan bien juega. Era el Curicó que le hizo partido a los tres grandes –el monarca Pablo Guede, de Colo-Colo, declaró que el equipo que más lo complicó fue Curicó- y que alcanzó el histórico octavo puesto del campeonato.

 

Con el tridente consolidado de Martín-Zúñiga-Blanco se llegó a un peak de claridad futbolística iniciando este 2018. El juego presentado en marzo ante Audax Italiano fue el corolario de que ese mediocampo sellado en base a la tenencia de pelota y la circulación rápida de ella a la zona roja, es la clave del triunfo para este equipo.

Hay cuestiones que van más allá de un cambio de técnico. Este carácter futbolístico encontrado por Curicó aunque iniciado por Luis Marcoleta, no es de él. Se construyó con una mano táctica pero lo lograron los jugadores, los mismos que siguen en la plantilla albirroja, por cierto.

 

La prueba del nuevo estratega de poner de 6 a Franco Bechthold, cargar a Martín a la izquierda y Zúñiga u otro a la derecha, no tuvo efecto por todo el historial anterior. El regreso al antiguo patrón, certificado al entretiempo del amistoso ante Rangers del sábado pasado, es una buena señal para cuando se reanuden los partidos por los puntos. Habla bien de Jaime Vera, que con humildad rescató esa agradable fisonomía que traía Curicó antes de su llegada.

Porque en este Curicó proceso 2015-2018 el 6 es 10. Y aquel es preferentemente Martín Miguel Cortés. Y por añadidura, la pelota hay que pasársela a él.

 

Por Leonardo Salazar Molina.

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