U-20

 

“¿Les gusta de verdad el fútbol?” Es la pregunta que Sergio “Checho” Fuentes le haría a cualquier muchacho que quisiera ser futbolista profesional. Y no es una pregunta capciosa la que señala el primer capitán de Curicó Unido, y  va más allá de la respuesta espontánea del que dice sí por el placer que significa entrar a una cancha, ir tras un balón, hacer un gol y ganar un partido.  Por lo que la respuesta involucra otros aspectos que tienen que ver con sacrificio, responsabilidad y privaciones ¿Están dispuestos a no salir un sábado por la noche porque el domingo hay que jugar? ¿Pueden irse a vivir solos a una ciudad desconocida y no abortar porque echan de menos a la mamá o al hermano chico? ¿Pueden concentrarse en jugar fútbol sin que el amor por la polola que está lejos afecte en su rendimiento? Respuestas que solo la pasión verdadera por el fútbol son capaces de responder.

 

Si bien es cierto que el proceso natural de crecimiento del ser humano transita por situaciones complejas, como el paso de niño a adolescente y luego de joven a adulto, en el caso de los futbolistas esas transiciones suelen ser algo más complicadas. Sobre todo hoy, en donde el fútbol se ha convertido en una industria que mueve mucho dinero y sus componentes van del variopinto social de grandes empresarios hasta un simple y desconocido futbolista de cualquier barrio de una pequeña ciudad. Todos juntos en el mismo lugar.

 

Entonces todo este entorno puede resultar factor a la hora de que un joven futbolista se pueda transformar en profesional. Ya no es suficiente con tener talento, hoy influyen un montón de situaciones para llegar a la meta. Las distracciones de la vida moderna, la posibilidad de ganar dinero siendo muy joven, la fama y las malas decisiones pueden conspirar para lograr que un joven futbolista no llegue a ser profesional. Y dejamos a parte el tema familiar, en donde los progenitores a veces presionan de mala manera a sus propios hijos para que sean “ lo que ellos no fueron”, traspasando sus frustraciones en los niños, generando una presión extra a la que el propio chico se impone en el juego mismo.

 

Y quizás no sea suficiente la regla del Sub-20 que por obligación debe jugar en el fútbol profesional chileno, si resulta una propuesta aislada dentro del manejo global de la situación. Venezuela, sí Venezuela, tardó diez años en lograr que una selección juvenil destacara a nivel sudamericano y mundial. Hace años que impusieron la regla de un jugador Sub-18 en los partidos del fútbol de la liga local. Inglaterra, el actual campeón mundial, también obligaba a los equipos de la Premier League a incluir un jugador juvenil, pero de su propia cantera. Es verdad que a nivel del fútbol ANFP se ha progresado un montón. Hoy las cadetes concentran en hoteles e incluso viajan en avión si es necesario, todo con costos endosados a la central de Quilín. Es ahí donde uno se pregunta ¿qué falta entonces para que los jóvenes lleguen a la alta competencia como verdaderos profesionales?

 

Será la personalidad de la generación “millenians”, será la mala influencia familiar, serán los entrenadores, los representantes, los clubes, los dirigentes. Será el cambio climático. Seré yo. Ojalá alguien tenga la respuesta, para pronto tener también la solución, para que la pregunta que “Checho” Fuentes le haría a los jóvenes que quieren ser futbolistas no la tengamos que repetir en el futuro.

 

Por Mario Farías Contreras.

 

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