FUTBOL EN LA ERA POSVERDAD

 

Posverdad fue el neologismo – palabra nueva o que nace de otra – más usado en 2016. Y tiene que ver, básicamente, con aspectos políticos, periodísticos y tecnológicos, en donde se pretende moldear la opinión pública en base a emociones y creencias personales por sobre hechos objetivos. Y en muchas ocasiones la suma de varias mentiras forma una verdad. Involucra también otros aspectos como publicar primero, ganar likes, ser lo más leído, obtener la exclusividad, originando una nueva forma de contar los hechos, produciendo mensajes simplificados, sin rigor alguno, en tiempo record y que la sociedad termina dando por veraces.

Quizás un ejemplo notorio en Chile fue el famoso gráfico que mostró Sebastián Piñera en uno de los debates presidenciales. Quiso presentar que la victimización ante la delincuencia en su anterior período en La Moneda bajó en relación a los gobiernos contrarios. El colorido gráfico daba a entender que 22% era un tercio de 30% y la mitad de 27%, confiando en que la audiencia no entiende de porcentajes y que se quedaría con lo que evidencia el gráfico, sin cuestionar mayormente los datos o la forma de exposición. Un poco eso es la posverdad. Instalar una realidad basándose en hechos tendenciosos  que la gente la asumirá como verdad debido a su ignorancia implícita o al desconocimiento general de ciertos temas.

Pero, qué  tiene que ver esto con el fútbol? Eso trataremos de explicar.

Hoy en día todos se creen con derecho de opinar sobre cualquier cosa. Gracias a internet y las redes sociales es muy común leer comentarios, muchos de ellos con poco fundamento, que apuntan y juzgan pretendiendo ser un elemento crítico, quedándose solo en la chimuchina; comentarios que son replicados por medios de comunicación aparentemente serios, provocando una cadena de opiniones erradas  carentes de sustento, y que, sin embargo, en su conjunto, parecen formar una verdad. Así nace la ecuación: no leo + no entiendo = comento.

Y el fútbol? Ya, ya, a eso vamos.

Como el fútbol es un deporte espectáculo transversal a clases sociales, profesiones, generaciones y géneros, con legítimo derecho sus aficionados se atribuyen la obligación de opinar sobre sus equipos y rendimientos, sobre los jugadores, entrenadores y dirigentes, basados fundamental y esencialmente en el resultado de los partidos, en el marcador final. Siendo  este, a mi juicio, el error histórico que se ha instalado en el fútbol como una verdad absoluta. Y muchas veces, cuando la mano viene adversa y en tal desesperación, la opinión lógica y cerebral  se va distorsionando hasta hacerse simplemente estomacal y oportunista, y que  al ser replicada sin mayor filtro, se posiciona como una verdad. O posverdad, para este caso.

Empecemos. Cuando un equipo pierde se reclama contra entrenadores y jugadores, que porqué jugó tal, que debió jugar el otro quién de seguro lo habría hecho mejor. “Lo habría hecho mejor”, subjetividad pura, argumento falaz y que sin embargo sirve para crear realidad por Facebook, gana likes, es compartido y lo leen en algún programa deportivo, obteniendo la caja de resonancia necesaria para que otros le den crédito y repitan:” Sí, debió haber jugado el otro, de seguro lo habría hecho mejor”. Nadie cuestionó en la previa que el futbolista criticado fuese titular, pero como falló en el gol del equipo rival ahora es crucificado.

Lo mismo cuando piden a un  Sub-20 en desmedro de otro. Nombran y nombran opciones sin saber cómo entrenan, su disposición anímica, táctica, física o futbolística. Simplemente piden porque sí, porque anda mal el titular o por fastidiar al entrenador. Otra opinión más que se replica en RRSS, gana los likes de turno, la leen en un programa deportivo y se instala como una realidad. Debe jugar el otro juvenil y no este. Las razones no importan, solo vale opinar.

Al comenzar el campeonato y cuando un refuerzo no anda bien. Se comienza cuestionando su llegada, la mala elección que hizo el entrenador, se duda de su calidad y hasta de su honestidad (vino a “robar”). Pasan un par de fechas, le comienzan a salir los goles y lo eligen como figura. Ante el delirio de la situación le reclaman al entrenador por “no haberlo puesto antes” o por “no hacerlo jugar en su puesto”. Nadie repara en el tiempo que se requiere para la adaptación al sistema de juego o en la puesta a punto del tema físico y futbolístico. Sólo se exige sin mayor argumento, se postea en un fanpage, gana likes, lo leen en un programa deportivo y se instala una realidad. La culpa es del entrenador por no saberle sacar rendimiento. Listo.

Podríamos seguir poniendo ejemplos. Como cuando le toman mala a un entrenador y lo critican negativamente hasta cuando gana (va puntero, 15 fechas invicto, y se le critica igual porque ganó 2 a 0 y no 4 a 0 como se pedía); fustigan a un futbolista por estética (pese a ser el que mejor juega tácticamente y el que recorre 9 kilómetros por partido); cuando se piden y piden jugadores para que sean titulares sabiendo que los equipos se forman con 11 futbolistas y no con 15; cuando discuten un cobro sin conocer el reglamento; etcétera.

Y en ese largo etcétera se identifica un lugar común: las redes sociales y los medios de comunicación, quienes sin responsabilidad alguna ni filtro, leen todas esas opiniones, basándose el populista discurso de la libertad de expresión. Pero menos mal que esto es solo fútbol y hasta ahora, afortunadamente, nadie ha muerto por eso.

Ante tanto exceso de información – muchas veces innecesaria –  y la poco rigurosidad editorial de varios medios de comunicación, algunos notoriamente de perfil sensacionalista, amarillista; nos queda a cada uno la responsabilidad de saber filtrar la información, valorar los argumentos y el trabajo de investigación, para luego formar una opinión propia, sin dejarse llevar por tanta posverdad, por muy luminaria e instantánea que esta sea. Porque como dijo María Celedón, una desconocida periodista española, “Ese afán por ser el primero por lanzar el primer tweet, lo que hace es llenar la sociedad de ruido. Creo que somos la sociedad más desinformada de la historia”. Y en el fútbol esto  también podría ser cierto. Podría.

 

Por Mario Farías Contreras.

 

 

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