SOLO FALTA (EVITAR) EL GOL

 

Suena facilito pero si Curicó logra ganar los dos partidos que le quedan terminará la primera rueda en un rimbombante décimo puesto. Tal vez noveno o undécimo, pero no más allá. Lugar soñado para cerrar el capítulo inicial del torneo.

Huachipato como local y Palestino en el histórico La Cisterna es lo que queda. La tradición otorga un panorama halagüeño: A Huachipato se le ganó en 2009 y 2017, marcando dos triunfos de dos partidos en el frente a frente entre ambos jugando en el complejo de Avenida Alessandri. Y en el estadio de la zona sur de Santiago –que en septiembre cumplirá 30 años- Curicó logró dos sendos triunfos en 2009, ante el Tino y Santiago Morning, siendo la cancha visitante más benévola para los albirrojos en su historia.

Es cierto: En este Torneo 2018 Curicó lleva solo un triunfo de 13. Pero también es cierto que Huachipato anota seis fechas sin ganar y que Palestino solo ha triunfado una vez en el año en la citada cancha de La Cisterna.

Hasta ahora es de conocimiento común que Curicó Unido juega bien. Que merece más puntos de los que lleva. Que “solo le falta el gol”…

Sin embargo, si desmenuzamos el tejido futbolístico albirrojo vemos que en ofensiva los problemas son secundarios. El equipo construye bien, tiene el balón casi siempre y no solo llega al arco rival sino que termina las jugadas. Y con variantes.

Curicó suma 18 goles a favor, buena cuota para un torneo donde ningún equipo se alza como furtivo goleador. El puntero Católica tiene 20 tantos y los más anotadores son Unión y U. de Conce con escuálidas 22 conquistas. Ningún equipo siquiera se acerca al promedio de dos goles por partido.

Es más: Los 18 goles de Curicó -con promedio 1,4 por pleito- podrían haber sido suficientes para triunfar en casi todos los cotejos jugados, acompañado de aquel buen fútbol de todo el 2018.

El problema, entonces, está en otro lado. Más allá de los goles perdidos que podrían haber asegurado triunfos donde hubo empate (como el penal no cobrado en Viña o el tiro errado por Pezoa ante O’Higgins), la nebulosa está en la zaga.

Allí Curicó ha tenido que variar los nombres, las formas y pelear con los atroces errores defensivos individuales.

Desde que juega la dupla de centrales Silva-Franco la performance en retaguardia mejoró. Desde el sufriente partido contra Antofagasta, Curicó bajó las tarjetas amarillas y Daniel Franco, por ejemplo, titular después de aquel 3-4, no ha sido nunca amonestado.

En el resto de la defensa, de los últimos cuatro cotejos, solo se anotaron tres tarjetas (una a Silva, otra a Rebolledo y la última a Opazo) ¿Qué dice eso? Que hay mejor manejo, que hay menos reclamos y la defensa no se ha visto obligada a faltas o marcas al filo. Los defensas centrales anteriores (Diego Díaz-Godoy) sí se llenaron de tarjetas: En los siete partidos que fueron dupla, Godoy tuvo tres amarillas y Díaz dos amarillas y una roja.

Pero ese es un argumento periférico. Las tarjetas dan cuenta solo de un aroma. Lo central está en cómo le han convertido a Curicó. Y allí hay una tendencia: los traspiés propios.

Desglosando los 20 tantos encajados, podemos hacer tres clasificaciones: los surgidos de errores arbitrales, los cimentados por virtud del rival y los regalados por yerros curicanos.

De los primeros hay dos: el anotado por Lucio Compagnucci en la primera fecha por San Luis, y el penal convertido por Calandria de O’Higgins.

En Quillota, en la primera fecha, un remate de distancia provocó la descarga de Deschamps hacia un costado (bien hecho) y tras ello un centro con virtud del delantero rival (incluso llega bien a la marca Blanco). Luego cabecea Tato Silva como puede y Cisternas es muy pasivo en pelear el balón con Caballero, quien le comete una clara falta que Andaur omite. La pelota le queda a Compagnucci y convierte. Dejadez de Cisterna pero error arbitral clarísimo.

En la de Rancagua también hay yerro del juez con complicidad del jugador curicano. Rebolledo topa al delantero sin necesidad. Éste magnifica y Deischler cobra penal.

Del segundo ítem -virtud del rival- tenemos cuatro (aunque también matizados).

El primer tanto de Católica en el 1-3 en La Granja se edifica en una buena jugada del Chapa Fuenzalida por derecha, quien le gana el mano a mano a Rebolledo. Hay un centro y un penal claro producto de una mano de Franco -misma mano que no se cobró, en todo caso, en el último Clásico Universitario.

El otro “virtud del rival” es el 1-2 de Soteldo por la U. La calidad comienza con la conducción de Araos, continúa con el taco sorpresivo y preciso de Nicolás Guerra y el finiquito sobrio de Soteldo… Otra vez, loa al atacante pero un curicano pudo haber hecho más: Godoy cerró lento y podría haber tapado a Soteldo antes del taco; el venezolano aparecía como posible receptor sin marca.

El tercero es el 3-3 parcial de Antofagasta. Felipe Flores encaró con pelota dominada, pasó al argentino Contreras que se mandó un taco colosal y dejó solo a Bello.

Y el cuarto es el 2-2 sobre el final de O’Higgins: Tiro libre de Ramón Fernández perfecto. Pero de nuevo, la falta que gatilla ese lanzamiento fue evitable (la hizo Tato Silva).

Pero ya… dejando las sutilezas de lado, démosle cuatro a la virtud del rival y dos al error arbitral. Son seis de 20.

Entonces hay 14 (el 70%) que son errores propios. Simples gazapos defensivos y buena parte de ellos, como se diría en el tenis, errores no forzados.

Partamos por la apertura de la cuenta de Católica en la segunda fecha. Viene un pase y Yerson Opazo va totalmente enclenque a la marca dejando perfilado a David Llanos. Opazo –buen defensor de 33 años con pasos por la U y Colo-Colo- repitió un yerro en el último gol (Everton el pasado sábado). En Viña aunque Salinas saca un centro tranquilo, con Gauna llegando tarde a la marca, Patricio Rubio le gana el cabezazo sin resistencia. Opazo –otra vez desmejorado en el mano a mano- quedó nocaut.

Otro que perdió un cabezazo de manera inocente fue Diego Díaz, ante la UC. Lanaro le ganó dos veces en pelota detenida. Era su marca.

También quedó en el piso muy pasivo Sebastián Zúñiga, encargado de custodiar a Nicolás Peñailillo de Iquique. Córner y el zurdo que cabeceó casi sin despegarse del pasto, con Zúñiga –de los mejores del torneo- imperfecto en aquella jugada.

Hay un subgrupo de errores un tanto forzados: La débil marca de Bechthold a Figueroa de Unión, el penal de Godoy –mano- contra los mismos hispanos tras ir tenue en la jugada anterior y la marca feble del Coca Díaz en el cuarto de esa tarde, donde le ganan la espalda sin contemplaciones.

Está, por otro lado, el buen centro de Flores y la arremetida de Bello de Antofagasta. Ahí el venezolano le pegó en área chica por lo que Deschamps suma un voto de culpa. Pero también, Bello empalma entre los dos centrales (Díaz y Godoy) sin marca.

Por último –y aquí lo más grave- hay seis errores descomunales. Colosales. Si uno busca motivos de por qué se perdió o empató un partido que pintaba para ganarlo, aquí hay razones concretas del derrotero final.

Uno: Antofagasta, novena fecha, y Eric Godoy que se confía y permite el tanto del argentino Contreras.

Dos: Cuarta jornada, ante Unión y al minuto de juego Bechthold le da un pase incómodo a Tato Silva, éste no logra despejar (podría haberse barrido para sacarla en la desesperación) y dejan solo Aránguiz.

Tres: Ante Temuco en La Granja. Centro largo al área y Deschamps sale a tomarla y no lo logra.

Cuatro: Frente a la U en el Nacional y penal tierno y claro de Joao Ortiz.

Cinco: Último gol ante Antofagasta. Sacan un buen centro -donde había llegado bien a tapar Joao- le pega Jason Flores y está débil el arquero Deschamps.

Y seis: Iquique, hace 10 días, tira Hans Salinas y se le cuela por debajo a Deschamps.

¿Son imperdonables los errores? Claramente no ¡Si son parte del fútbol! ¿Es para poner en la plaza pública a cada uno de los responsables y lanzarles peñascos hasta cansarnos? Rotundamente negativo…

Pongámonos serios: Deschamps, Godoy, Opazo o el resto de los circunstanciales verdugos han tenido jornadas altas –unos más, otros menos- momentos lustrosos y han sido partícipes de sendos episodios de gloria.

Lo importante para aportar al debate es que más allá del nombre del responsable, es capital reconocer que, uno, sí hay errores puntuales, propios y por cierto mejorables. Y que, dos, aquellos yerros han existido por desconcentraciones y momentos fatídicos que impidieron sumar dos o tres puntos más.

Volviendo al inicio: Para ganar a Huachipato y Palestino será necesario meterla adentro, pero será más imperioso evitar yerros particulares no forzados. Y, para eso, la concentración en la zaga debe ser total y sistémica: El golero tendrá que estar mejor parado, pero el defensa deberá intentar sacar el balón antes que llegue al arco, el volante deberá evitar que entren tranquilos a la zona roja y el delantero tendrá como tarea impedir que el rival salga con comodidad desde atrás.

A buena parte de esto último suele llamársele pragmatismo y a veces, que lo diga Católica, está mal mirado. Aunque esas facetas sean constitutivas del ideal de fútbol total. O como me lo confidenció en una cena un asistente del mismísimo Marcelo Bielsa: “Al profe le gusta atacar siempre pero parte desde un sistema donde cada jugador nuestro tiene una labor defensiva. Es decir: Bielsa piensa en el arco rival pero para eso necesita tener la pelota y estar lejos del suyo. Lo defensivo también es parte de su obsesión”.

 

Por Leonardo Salazar Molina.

 

 

 

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