LA SABÉS HACER, PIBE

En el último partido ante Iquique, Curicó presentó a sus cinco extranjeros en cancha: los argentinos Franco, Cortés, Blanco, Gauna y Quiroga. Y alineó también a un nacido en Uruguay y otro formado en Rosario: Tato Silva y Cavalleri.

Fueron siete de 11 futbolistas con acento rioplatense. Un Curicó con sello trasandino y que, por cierto, no es distintivo del elenco albirrojo.

En Primera División, Temuco y O’Higgins también se nutren solo de argentinos en su planilla de foráneos (Ábalos, Campana, Pussetto, Gotti y el recién renunciado Hauché en los sureños; Acosta, Mazzola, Oroz, Vera en los celestes más los nacionalizados Fernández y Calandria). Todos tienen al menos uno, salvo Audax. En total son 49 argentinos de 75 extranjeros en el torneo 2018.

En la historia del fútbol chileno su aporte es incontestable. Ni hablar de los técnicos: 64 estrategas han levantado al menos una copa en Primera desde 1933; de ellos, 16 nacieron en Argentina. Es un 25 por ciento. Pero en las últimas dos décadas son nueve de 15; el 60%.

En cancha, prácticamente cada monarca desde los albores del profesionalismo tuvo un futbolista argentino en sus filas.

Los primeros títulos de Colo-Colo de fines de los 30 e inicios del 40 se construyeron con arqueros trasandinos: Valentín Erazo y Obdulio Diano. El Santiago Morning campeón del 42 era el equipo de Salvador Nocetti. Green Cross fue el mejor del 45 con Juan Zárate como scorer, quien repitió la dosis con Audax el 48. Los itálicos, monarcas también del 46, celebraron ahí los goles de Hugo Giorgi, que venía de ganar dos títulos con River Plate.

Los que saben, hablan de la Católica campeón del 49 del gran Charro Moreno. Everton logró las copas del 50 y 52 con el chileno René Meléndez como eje, secundado por los argentinos Tano Biondi y Lourido.

Arturo Salah decía que su máximo ídolo de pequeño era Roberto Muñeco Coll, ícono del Palestino campeón del 55. El Ballet Azul se armó en las inferiores de la U pero tuvo como aporte capital al santafesino Ernesto Álvarez, y luego a Óscar Coll y a Juan Carlos Oleniak.

Isella condujo a la UC del 66, los Panzers de Wanderers campeón del 68 se estructuraron con Bonano, Cantatore, Porcel de Peralta y Griguol. La Unión líder del 75 fue la de Palacios y Spedaletti; la del 77, la de Novello. Jorge Américo destacó en el Everton monarca del 76…

Óscar Fabbiani fue goleador del Palestino 78 y el Colo armó su ataque con el argentino Mané Ponce acompañando a Caszely y Véliz el 79, y con Simaldone al lado del Chino y Rápido Rojas el 83.

Cobreloa 88 destacó con Trobbiani y el 89 fue el primer título de varios, de los colocolinos Barticciotto y Morón.

La U del 94 tuvo al Bombero Ibáñez y Aredes; la del 95, a Traverso y Leo Rodríguez. En ambos atajó Superman Vargas. El Cacique líder de la segunda mitad de los 90 es el Colo de Espina.

Larga lista, ¿no? Y eso que es un pincelazo.

En el nuevo siglo Cobreloa despertó con el bonaerense José Luis Pepe Díaz. La UC 2005 tenía una columna trasandina: Buljubasich, Imboden, Conca y Polo Quinteros.

En el Colo de Borghi apareció el golero Cejas. En el Clausura 2008 el único del albo campeón que jugó todos los minutos fue Cristian Muñoz. La UC 2010 es la de Eluchans, Vranjicán, Botinelli, Pratto, Arruabarrena y Leandro Díaz.

En la última década tenemos a Matías Rodríguez, Marino, Canales, Rivarola, Lorenzetti  (campeones con la U 2011 y/o 2012). A Omar Merlo mandando la defensa del Huachipato líder del Clausura 2012. A Canales, Berardo, Abelairas, Jaime (Unión 2013) y Calandria como goleador del único título de O’Higgins.

La estrella 30 de Colo-Colo tuvo a Barroso, Vecchio, Olivi. La Católica 2016 brilló con Kalinski, Noir, Jaime, Lanaro y Costanzo como suplente…

En la historia curicana, para no cansar más, recordamos a Héctor Sandoval, Bechthold, Churín y el mismo Ábalos como referentes. Jugaron también Budinni, Yacoviello y Baudino; Marcos Flores, Martinelli, Valenti, Rubertone y Bevacqua; Miguel Ángel Romero, Ariel Pereyra, Loncón, Arrúa y Dovetta, entre otros.

Y así… ¿Quedan dudas de la influencia de los argentinos en el fútbol chileno?

Naturalmente debe haber una lista de paquetes como ellos solos. Son más de mil los trasandinos que han pasado por el fútbol chileno. Pero vengan con pedigrí o no, tengan pasado amateur o profesional, incluso sean viejos o jóvenes, los argentinos –quiéralo o no- terminan dejando huella.

En el caso del actual lote de Curicó, su pasado es variopinto: Blanco, marplatense, y Quiroga, de Entre Ríos, se criaron en equipos de cuarta y tercera categoría (Armenio y Gimnasia “El Lobo Entrerriano” de Concepción del Uruguay). Cortés, Gauna –bonaerenses- y Franco –santafesino- pasaron por cadetes con prosapia (River, Boca y Argentinos Juniors, respectivamente).

¿Qué tienen de especial los futbolistas argentinos? ¿Qué hacen esos boludos que tienen influencia no solo en el fútbol chileno sino en el mundo entero, que lo parió?

En el libro “El método Pellegrini”, el autor Francisco Sagredo le pregunta al DT más exitoso de la historia del fútbol chileno que si tuviera que armar un equipo con once jugadores de un mismo país, cuál elegiría. Manuel respondió sin titubeos dando la clave del tema que nos convoca:

“Yo armaría un equipo solo con argentinos, sin ninguna duda. El jugador argentino es muy profesional, competitivo al máximo. Soy muy hincha de los jugadores sudamericanos porque nacieron con el fútbol. Están hechos para el fútbol, lo sienten de una forma distinta”.

Profesional y competitivo; PROFESIONAL Y COMPETITIVO ambos sinónimos de confiable. Profesional y competitivo como articuladores del buen futbolista rentado, quizás tanto o más que su aspecto técnico o táctico.

¿Vio cómo Daniel Franco estuvo sin ser citado y volvió a full como si nada? ¿Notó que Gauna esperó un semestre para explotar? Blanco entró, jugó tibio, salió, regresó y la rompió.

En la espera de la mala racha –como Franco, Gauna y Blanco- los argentinos entrenan, trabajan y se preparan. Son poco dados a echarle la culpa al empedrado. Mate bajo el brazo, laburan, como dicen ellos, ayudados por una autoconfianza y autoexigencia admirables.

Y más encima son aclanados. Actúan en tropel. Se agrupan y apoyan entre ellos. Se dan pases y se buscan pero siempre termina beneficiándose el colectivo.

Si bien la influencia del fútbol argentino en Chile se da también desde la extensa cobertura que le han dado históricamente los medios (desde inicios del siglo XX que los diarios informan del torneo trasandino y la revista Estadio, por ejemplo, tenía corresponsales en Buenos Aires y publicaba sendos reportajes todas las semanas de lo que pasaba al otro lado de la cordillera), también es cierto que es un sitial ganado con justicia. Ok, a veces es un poco mucho y los de la Primera B podrían reclamar con justicia que los pescan menos que a ellos.

Además, la regla de los hasta hace poco siete extranjeros en un plantel chileno se dio como lamentable medida de respuesta a las mejoras laborales en los futbolistas, tras la creación del Estatuto del Jugador en 2007 (según me confidenció un dirigente del fútbol chileno). Fue una represalia.

Pero los foráneos –y en ésta, los argentinos- terminan dando un ingrediente extra al, por momentos, escuálido caldo nacional. Seamos sinceros, sorete, si la milonga es así. A veces somos un reverendo quilombo.

Por cierto, debiera existir una cuota menor de extranjeros (cuatro parece ser el número ideal) porque el futbolista nacional tiene que tener un espacio para desarrollarse. Pero también, y aquí la clave del asunto, podríamos mirar lo que ellos aportan. Más que reclamar, que tanto chanta, huevón, si puro venden humo, cachai; que son agrandados y se ríen que no vamos al Mundial, podríamos aprender un poco, por qué no, si los tipos tienen una cultura futbolera mayor a la nuestra y algo han ganado por ahí.

Los flacos, en general, siempre con perso y bien trabajados sus bíceps, son repiolas. No se aprobleman en cobrar al inicio unos pocos mangos aunque después son recalientes para sacar la voz y arreglarse como solo ellos saben, forro.

Se dedican a laburar y lloran poco al entrenar. O como dijo un jugador nacional que hoy purga el banco albirrojo (por cierto off the record): “Quedé afuera porque los huevones andan bien y se ayudan entre ellos. Y ahora que están todos jugando, no los sacai ni a palos”.

 

Por Leonardo Salazar Molina.

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