VARGAS Y EL FÚTBOL DE VERDAD

El viernes por la noche fui al hotel de concentración de Curicó Unido para conversar con Gabriel Vargas. Mi misión era entrevistarlo para una nota que salió publicada este lunes 2 de abril en El Mercurio.

 

Vargas, para mí, representaba el prototipo del futbolista chileno: esforzado, con un pasado duro, con roces en la elite y feliz tras una bola de fútbol en un equipo menor dentro del concierto nacional, como Curicó.

 

La conversación fue extensa y agradable. Quería conocer sus raíces y su mirada del fútbol. Me contó que admiraba a Iván Zamorano. Que lo imitaba desde chico. Que cuando comenzó a entrenar en Deportes Concepción con 16 años, una vez le hizo un “hoyito” al duro de Víctor Cancino, llevándose de vuelta “una patá en la raja”. Que sus compañeros lo molestan con eso de ser el segundo goleador histórico vigente del fútbol chileno. “Me dicen ‘Prehistórico’, ‘Eterno goleador’, ‘Viejo’”, revelaba entre risas.

 

Vargas rescataba el barrio. Los sueños de un niño que quería ser futbolista.

 

– Con 17 años en el fútbol ¿Has visto muchos talentos que se quedan en el camino?

Sí y yo creo que es el conformismo que tiene el jugador. Saben que tienen muchas cualidades y no la ejercitan, no la siguen trabajando, se quedan con lo que tienen. Antes el futbolista tenía muy pocas cosas pero mucha más hambre de triunfo. El más joven se conforma ahora con tener auto, su buena zapatilla y decir: ‘Yo soy futbolista profesional’. Pero el techo tiene que ir más allá. El juvenil pisa la pelota en un ‘tontito’ y ¿para qué? Si el fin de semana no la vas a pisar. Aplícate, concéntrate. El futbolista tiene que estar más aplicado en todos los detalles. Yo siento que el juvenil cuando llega al primer equipo, como que cumple. Hay buenos chicos, buena camada pero se conforman con muy poco. Y además quieren triunfar luego, ganar buenas lucas luego y no. Hay que ir paso a paso.

 

Esa respuesta representa mucho de lo que es Gabriel Vargas hoy para Curicó Unido. El goleador, el que lucha cada pelota, el jugador colectivo, es también un consejero, un farol para los chicos que vienen partiendo.

 

Comparto, al cierre, unas frases inéditas, que no fueron publicadas en el diario. En ellas Vargas da pincelazos de su bitácora pero sobre todo deja una secuela de enseñanza para que los juveniles lo lean. Lo estrujen. Lo escuchen.

 

– ¿Sampaoli te exigió alguna vez jugar lesionado?
Sí. Es que el tipo aparte de que te exigía, te convencía. Una vez jugamos contra Unión Española (N. de R: cuartos de final del Clausura 2011) y hubo descanso para los titulares. Sampaoli quiso que fuera a la citación. Y yo le dije: ‘Pero profe, estoy con un desgarro’. ‘No. Yo te necesito, te necesito’, me respondió y el tipo te convence. Jugué con el desgarro y pude convertir el gol al último minuto. Más encima como que él leía lo que iba a pasar. Me pedía que jugara porque iba a ser importante y entré e hice el gol.

 

– ¿Dónde está el límite? ¿Qué pasaba si se agrandaba el desgarro?
Lo que pasa es que uno lesionado quiere jugar igual. Y que venga tu jefe y te diga: ‘Te necesito’. Uno dice: ‘¡Vamos! Yo también quiero jugar’. Para mí no era negativo pero después uno va aprendiendo y si mañana soy técnico yo no buscaría el límite de forzar al jugador. Sí en el trabajo, pero arriesgarlo a una lesión mas grave, no.

 

– ¿Te gusta ‘Arcángel’?

Sí, es bonito. Me estaba iniciando y le hice tres goles a Lota en Semana Santa y ahí un relator me puso: ‘Arcángel Gabriel”. En ese tiempo me dirigía el profe (Luis) Marcoleta y siempre me quedó marcado que él me aconsejaba cómo definir. Ahora nos volvimos a encontrar en Curicó. Es un técnico muy inteligente que trabaja y lee muy bien los partidos.

 

Por Leonardo Salazar Molina.