PARA SEGUIR CREYENDO

No creer se ha vuelto tan popular que ya no es atributo sólo de ácratas, agnósticos, filósofos, existencialistas o, últimamente, de la gente denominada “progre”, este posmoderno ciudadano común y corriente que hoy se atreve, como una revelación, a dudar de casi todo. Y se entiende, porque no hay que ser tan ducho para darse cuenta que las personas ya poco creen en los gobiernos, en las instituciones, en la justicia o en las religiones. De paso, también empiezan a perder credibilidad en la televisión, en los diarios y, por ende, en el periodismo, entre otros. Y dentro de todo ese espiral de dudas y desconfianzas el fútbol no queda ajeno, siendo también parte de este enjambre social de escepticismo.

Pero el fútbol es otra cosa. O al menos eso parece. Y en ese vaivén, un gol puede ser la diferencia entre creer o no. Porque sus errores y aciertos, a diferencia de las otras actividades citadas, son cada 7 días juzgados por sus hinchas, quienes como en un circo romano levantan o bajan el pulgar si el juego o el resultado satisficieron sus deseos. Deseos graficados fundamentalmente en esas ansias de ganar y solo ganar, agregando muchas veces el poco racional “como sea”.

Y allí sustentan su credibilidad. Con el resultado en la mano y sin preocuparse mucho del “como”, se vuelven fervientes adoradores del equipo y su entrenador si se gana; mientras que si es derrota la partida, sin importar tampoco el “como”, la credibilidad se va al carajo y rápidamente empiezan las dudas.

Eso creo que es lo que ha pasado con Curicó Unido y algunos de sus hinchas en este inicio de campeonato. Las ansias de ganar y de no pasar zozobras superan el razonamiento, y los tres puntos parecieran de vida o muerte llevando recién seis fechas. Sin pensar mucho en “como” se gana o se pierde, desvalorizan el modelo de juego, en ocasiones resumiéndolo en un “porque sí” o en un “porque no”. Es muy pobre argumento considerando los tiempos y el exceso de información que se maneja.

La prueba de fuego a la credibilidad en el equipo fue llegar al minuto 85 del partido ante Unión Española. Perdiendo 1-4 hubo algunos que predicaron el romperlo todo, apasionados se fueron por la fácil, despotricar e irse del estadio sin espacio para razonamiento alguno. Mientras que otros, los que creen, quizás con cierto grado de insanidad mental o con alguna cuota de sabiduría futbolera, sostenían que el equipo jugaba bien y que se podía anotar un gol. Y ya sabemos cómo nos fue.

Lo del partido con Audax fue la ratificación. El partido que se sabía, tarde o temprano, debía llegar. Y enhorabuena llegó para bordear el festín, una bonanza futbolera que casi termina por arrebatarnos. Con una contundencia peligrosamente apabullante el Curi superó a su rival, dejando la vara alta, exponiéndose a que se le exija el mismo rendimiento en los partidos venideros. No importa, todo vale para ver la felicidad de los que no creen y el premio, la recompensa, simplemente lo que merecen, aquellos que mantuvieron la fe.

Porque los que creen adoptan una suerte de fidelidad incondicional cuando pese a las derrotas aprecian una idea del juego, cuando se ve fútbol. Porque entienden que esto es un constante crecimiento, en estado físico, en técnica, en juego colectivo. Y creen, porque entienden de donde vienen, saben lo que son, conocen sus raíces y lo que ha costado llegar a donde se está. Y no se trata de ser benevolente, complaciente o mediocre, es simplemente intentar saber y entender de lo que se habla. Es ése sentir pensante el que marca finalmente el calibre de la exigencia. Todos queremos ser campeón, pero nadie tiene la ecuación exacta para conseguirlo. Lo único que acerca a eso es el entrenamiento, el trabajo. Porque es fútbol, y el fútbol te lleva para donde quiere.

El triunfo de Curicó Unido sobre Audax sirvió para reafirmar la convicción de los que creen, de los que aún en la derrota entendieron que, cómo esto es fútbol, hay que permitir el margen adecuado para lograr que las ideas que se pretenden cuajen. Y así como vamos, no queda otra que seguir creyendo.

 

(Por Mario Farías Contreras)