APUNTES TRAS LA VICTORIA ANTE AUDAX

La del sábado fue la mejor presentación de Curicó Unido en toda su historia en Primera División. Sí, estamos eligiendo entre escasos 55 partidos pero eso somos. Por ahora.

Recordemos siempre que el Curi es un equipo aparecido en Primera. Neófito. Bisoño. Con tres temporadas en la serie, tiene una más que Ovalle, Valdivia y el viejo Santiago National Juventus. Una menos que Melipilla. Cuatro menos que Aviación y Arica. A seis años de alcanzar lo que hizo Osorno, Fernández Vial e Iberia.

De esos 55 partidos, Curicó ganó nueve en 2009 (Palestino y Santiago Morning en La Cisterna; Rangers, Católica, Cobreloa, Huachipato, Palestino, Cobresal y Ñublense en La Granja), cinco en 2017 (Iquique, U. de Conce como visita; San Luis, Huachipato, O’Higgins en casa) y uno esta temporada (Audax el sábado). 15 festejos en total ¡Quince! En el último torneo largo, en 2010, el campeón Católica ganó 23 en un año. Curicó Unido lleva 15 triunfos en 45 años de historia.

Asumiendo eso -que la historia está amarrada en cada paso que se da y no es una página en sepia guardada en un baúl- sacamos lustre a esas epopeyas y nos remontamos al 4-0 sobre el Tino 2009: Gran triunfo de visita. El 3-2 sobre la UC el mismo año: épico, contra Gary Medel y compañía. El año pasado ante O’Higgins: inolvidable. Pero este último, 3-0 sobre Audax Italiano bajo la lluvia, fue el más limpio, el de mejor juego, ese match donde se pudo desarrollar la idea, el método de este equipo, más allá de la piscina y la brega de waterpolo, como la definió –creo que erróneamente y sin autocrítica- el buen técnico visitante Hugo Vilches.

Curicó Unido logró este 2018, por fin, complementar el juego asociado y con intenciones pulcras, con el desgaste energético generoso, intenso y urgente. Y ganar. (Seis equipos, casi el 40% de los participantes del torneo, lleva un solo partido ganado).

Es Curicó 2018 un equipo aún en desarrollo, en construcción, propio de un conjunto que recibió 11 futbolistas nuevos y que vio partir a tres elementos claves. Igual así, en tres encuentros como local mostró superioridad por ratos –ante la UC- furia y amor propio monumentales –frente a Unión- y un equilibrio a toda prueba –versus Audax.

Jorge Deschamps fue la primera salida, con un juego correcto con los pies para echar andar la máquina de toques, solo complicado cuando el pase venía torcido. Atajando, como en su sorprendente 2017, estuvo muy seguro.

Coca Díaz está cada vez más táctico. A su físico generoso, a sus ganas de hincha de galería, a su técnica en construcción, Cristopher le agregó el sábado sapiencia para subir una y replegarse dos. Y así tapar a Juan Leiva, uno de los elementos desequilibrantes del rival, que ya había sido figura en La Granja jugando por Concepción en temporadas pasadas.

Joao Ortiz debutó con una declaración de principios bajo el brazo: si quiere centro perfecto, desde el lugar que sea de la zona izquierda, llámeme. El tipo bajó los kilos extra con entrenamiento extra y se ganó la chance. Cumplió, anuló a Bryan Carrasco y dejó el abanico abierto para esa zona. Ortiz centrando, Quiroga pivoteando y Blanco recibiendo, resultó. Pero Rebolledo empujando, Vargas aguantando y Espinosa poniendo el pase mágico, es otra alternativa. Y Darío Franco como una opción más defensiva, por cierto, también podría ser el 4.

El sábado Diego Díaz y Eric Godoy se comunicaron más que otras veces. Cuando la pelota andaba lejos, en el banderín de esquina de ataque, por ejemplo, Pescado y Godoy se hablaban al oído. Una dupla que se complementó. Como Lennon-McCartney aunque como aquella, este dúo todavía necesita uno que alce la voz medio decibel más alto que el otro. Patrón siempre hay uno solo; que ellos elijan.

El sábado Díaz atendió a Jeraldino primero y Abreu después con su filosofía de que pasa el jugador o el balón, pero no los dos. Sabe sus limitaciones Díaz pero también sabe que juega para el equipo, no para entrar en el 11 destacado de la fecha. Con eso Godoy, con mejor salida, pudo marcar tres metros más arriba y fustigar a Fernando Cornejo cuando recibía y sobre todo al ambidiestro Ariel Martínez, que terminó saliendo al entretiempo en un cambio que perjudicó a Audax Italiano.

Que el mediocampo curicano se haya construido con tres volantes que alguna vez fueron 10, dice mucho. La pelota es lo primero que quiere tener Curicó. Y lo segundo y lo tercero. Martín Cortés representa esa filosofía de juego que viene desde el torneo de Primera B 2015. Cabeza alta, pase fuerte, de preferencia rasante y poco, pero muy poco, toque lateral intrascendente.

A su lado Zúñiga aportó esa labor más silenciosa. Fue el tipo que le tocaba un hombro al 6 rival, Luis Cabrera, para que éste mirara a un lado y Blanco pasara por el otro. Ricardo Blanco por cierto logró un altísimo nivel y fue la figura de la fecha; ello en buena medida porque no deslindó responsabilidades en sus compañeros a la hora de marcar. Luego, metido completamente en el juego, estaba atento a cada jugada, traduciendo lo que sus camaradas empezaban a escribir desde más atrás: cuando se buscó el pase largo con pivoteo de Quiroga, ahí estaba Blanco para la segunda pelota; cuando había que tejer por bajo desde mediacancha, Blanco fue a buscar. Leyó bien el pleito, tal como Carlos Espinosa (el más veterano del plantel) contra Unión.

Blanco es chance de 10 clásico, cómo no, pero también tiene voluntad de extremo. La toma, engancha y va de diagonal al centro, copiando de cerca pero aún lejos lo de Alfredo Ábalos.

Felipe Reynero fue de lo más bajo. Displicente en la presión alta, confundido en el repliegue, Felipe dejó la sensación de que podía más. O se estaba guardando para un gran momento que nunca llegó o la cancha barrosa y mojada lo incomodó hasta nublarlo. Algo similar a lo de Mario Briceño, que entró por él: ausente sin pelota, tibio con ella.

Mauro Quiroga es demasiado parecido en su físico a Diego Churín. Ambos comparten una gran condición para un 9 alto: Adelantarse al pase largo, que no sorprende al defensa pero lo deja KO por el tamaño del delantero. El metro 91 claramente es su fuerte y lo sabe ocupar. Ganó cada balonazo, hizo ver ridículo en la marca a Fabián Torres y solo la experiencia de Labrín (no por nada jugó en la Serie A italiana) le impidió concretar su buen partido con alguna chance clara de gol. En rigor la experiencia de Labrín y su falta de timing al inicio del partido con varias posiciones de adelanto evitables en las que cayó.

Lo de la estatura, a todo esto, es un factor de este Curicó: 10 jugadores del plantel superan el metro 80.

Por la izquierda Nicolás Gauna jugó su mejor partido desde que llegó a Chile. Ese potro que empuja y va, ahora lo hizo con la pelota siempre cerca de sus pies: desde eso pudo controlar él el ataque. Llevar él al correcto Bosso para donde quiso. Aprovechar su velocidad y, lo que siempre es necesario, terminar la jugada con aire, con fondo físico. Quedó la sensación que Gauna corrió más, pero se cansó menos. Y se barrió por mil en la marca.

Cerró todo Yashir Pinto, el jugador número 24 en debutar en este torneo. Buena noticia su regreso porque su aporte será clave. Y será clave porque conoce el club. Sabe lo que es La Granja. Dicho sea de paso: Él y 20 compañeros han vestido la camiseta de Curicó antes de este torneo, pese a que llegaron 11 refuerzos.

¿Por qué han actuado 24 jugadores en solo seis partidos? Claramente porque los niveles individuales han sido disparejos e irregulares. Si ante Audax se logró ese festín histórico, fue en buena medida por el alza en el rendimiento individual. No existe sistema en el mundo que pueda brillar sin la interpretación acorde de los futbolistas.

“Los técnicos estamos sobrevalorados. El jugador es el protagonista”, dijo en una entrevista a El Mercurio, publicada en julio pasado, un avezado entrenador del fútbol chileno. Tiene razón.

Si los niveles particulares siguen arriba, será el DT quien tendrá complicaciones para optar por los 11 titulares. Ya con lo del sábado queda una duda: ¿Espinosa o Blanco? ¿Los dos? ¿Gabriel o Quiroga? ¿Los dos? ¿Los cuatro más Gauna y solo Martín más atrás? No creo, se necesita un Zúñiga.

La jornada de agasajo del sábado (siguiendo con esa historia que va amarrada al cuerpo, Audax ha sido cuatro veces campeón: 1936, 1946, 1948 y 1957) quedó tatuada en la página siguiente del emocionante 4-4 frente a Unión Española. Ambos juegos entraron a los archivos de la literatura albirroja.

El próximo partido puede volver a ser un juego sin brillo, propio de los equipos en fase de crecimiento. Pero si le lleva entrega y lucha permanente, podemos seguir conversando tranquilamente. Es, por lo demás, lo que se busca con un club como Curicó: que otros –Iberia incluso- tengan mejor palmarés histórico, pero que nosotros seamos los putos amos de la mística. Y el sábado Curicó fue el revolucionario del barrio, jugando buen fútbol en una piscina de waterpolo.

 

Por Leonardo Salazar Molina.