LA COPA MÁS LINDA DEL MUNDO

Este29 de diciembre se vivirá otra versión del “Día internacional del hincha de Curicó Unido”. La jornada recuerda el título más espectacular del club; aquel cuando campeonamos en Tercera División y volvimos al profesionalismo luego de 15 años. Aquí, comparto un extracto del libro que escribí al respecto: “Revolución en La Granja. Curicó Unido 2005 y el fin de su historia amateur”.

Noche maravillosa. De aquellas.

 

Lorenzo Nilo iba caminando a la altura de la piscina municipal, llegando a una de las puertas de salida del estadio.

“Estaba casi a punto de salir del recinto La Granja y escuché que fuimos campeones. Ahí volví. A celebrar, a saludar a los amigos, a abrazar a mi papá y a mi hermano. En fin, a festejar”, rememora.

Todos seguían emocionándose ahora con razón y Eduardo Cortázar Gatica solo quería mirar. Volvió al camarín antes que nadie y mientras los jugadores daban otra vuelta olímpica más, él llamaba por teléfono a su familia. No lloró. Sentía que la tarea estaba hecha y punto. Habló con su hijo Eduardo, con su hija Akihita, esos que nunca lo acompañaron a una cancha porque, en palabras del entrenador, sabían que el partido era más importante que su visita.

En ese momento de euforia, en camarines estaba como custodio el tesorero Juan Muñoz. Nelson Verdugo, “Maquita”, dejó un rato su segundo hogar y se fue a la cancha a festejar. “Juanito, tengo cuidado con la ropa, sí”, le dijo Verdugo.

El problema estuvo cuando regresó. No había nada. Ni camisetas, ni petos de entrenamiento, ni nada. Los hinchas enloquecidos quisieron llevar un trofeo a casa.

“Con la euforia y la alegría me acuerdo que la gente entró al camarín y me robaron zapatillas, poleras”, refresca Johan Fuentes.

“Oiga po Juanito ¿Y usted no hizo nada?”, le dijo enrabiado Verdugo a Muñoz, que también sumaba kilómetros en el club, donde había llegado a inicios de los 90.

“Qué quiere que le haga po Maquita, si se me tiraron todos encima, estaba todo asustado”, respondió don Juan todavía atemorizado.

Nelson Verdugo telefoneó entonces al jefe. “Llamo a don Julio, que había salido, no estaba en Curicó, y le digo: ‘¿Sabe? Me llevaron todas las cosas’. ‘Ya, quédate tranquilo –me dice don Julio- no te preocupes. Si ya subimos ya’”, recuerda hoy “Maquita” haciendo hincapié en que Ode “había salido”, por eso no estaba aquella noche bella en Curicó.

“Quedé con puros calzoncillos. Me acuerdo que me envolvieron en una toalla. Y lloré. Estaba súper nervioso”, inmortaliza Sebastián Narvai sobre ese momento, donde se acurrucó en los brazos de su viejo Jorge y de su madre Silvia, que lo acompañaron en esa romería como tantas veces. Ambos evangélicos, comenzaron a orar por Sebastián, al que cobijaban alegre en medio de un gentío que irradiaba locura.

“Me decían que pensara en dios. Me abrazaban, estaban conmigo”, relata Narvai, oriundo de la población San Gerónimo de Puente Alto.

Para Johan Fuentes todo podría haber sido una revancha. Diez años después dice que sigue con el mismo axioma de vida: “‘El pasado, pisado’ como se dice. Me recuerdo cuando hicimos el primer gol ante Iberia dije: ‘Ésta es la de nosotros’. Después la gente se volvió loca, fue lindo, tanto sacrificio. Más todo lo que se había comentado de lo mío el año pasado. Fue un tapabocas a toda la gente. Me sacrifiqué para que peleáramos el campeonato de nuevo”.

Cuando a Luis Silva le confirman que terminó en Iquique, al primero que vio fue a Luis Orrego, exjugador curicano y que trabaja hasta hoy la concesión del casino de La Granja. “Lloraba abrazado con Lucho Orrego. Después intenté llamar a Julio en todo momento, en todo momento… Me emociona todavía. Fue una cuestión muy fuerte. Sabemos lo que nos costó después de 15 años salir de eso”, resuena Silva.

Finalizado el encuentro en la región de Tarapacá, Julio Ode le colgó el teléfono a su mano derecha, Mario Muñoz y partió al hotel. Allí llegó Roberto, el intermediario y se llevó el dinero. 12 millones de pesos depositados en una caja larga de cartón. Al rato el presidente de Curicó Unido recibió el llamado de Andrés Alvarado, dirigente de ANFA, quien le comunicó oficialmente que su equipo era el campeón de Tercera 2005.

Ode tendió el celular y volvió a quedarse solo en su pieza. Levantó otra vez el móvil. Habló con su esposa, su hijo Julio, su hija María José. Lo llamó luego Celso Morales, alcalde de Curicó. Lo llamaron también del programa “Curicó Unido en el corazón” que esa noche tuvo una transmisión especial por TVR. Y lo llamó Raúl Narváez:

“¡Ya pelao conchetumadre ¿Viste que se podía?!”. Fueron los garabatos más lindos de la noche. Narváez le gritaba al teléfono a Ode lo que había prometido decirle cuando se saliera de esa división de mierda. Y a Ode se le cayeron unas lágrimas.

“Julio lloró por las frustraciones de muchos años que estuvo solo contra todo el mundo. Había que lucharles a los encargados de dirigir la Tercera División, porque estaban todos corrompidos. Todos, todos, todos corrompidos. Por eso a inicios de año, cuando murió este señor (Hugo Silva) pensé que ahora sí subiríamos. La justicia tarda pero llega”, sincera Narváez quien esa noche, en medio del jolgorio, comenzó a caminar a su casa por unas calles curicanas vacías. Todos estaban todavía en La Granja. “Y vi como la gente estaba loca. Curicó era un panal de abejas, un zumbido. Dije: ‘Se podía’. Esa noche no dormí nada”.

El solitario Ode, en Iquique, solo tenía información por teléfono. “A veces como que quería llorar más y no podía. Cuando me llamaban me alegraba mucho. Me decían: ‘Aquí está la cagá, se metió toda la gente al estadio, está feliz’”.

Ya era de madrugada y el presidente prendió la tele e intentó ver un par de películas imposibles de recordar su nombre 10 años después. Tenía vuelo de regreso al otro día. La pega ya estaba hecha. “Y yo era el hombre más feliz del mundo”, dice Julio Ode Reyes.

“Para ellos, para los de Iquique, fue una persona totalmente anónima la que andaba allá. Con el gorrito de ‘Chile’, el gorrito de la suerte. De hecho a Andrés Carrasco le vine a estrechar la mano en 2006, cuando vino a jugar contra Curicó”, refresca el mandamás.

Mientras en Curicó el júbilo era escalofriante, en Iquique los jugadores celebraron como campeones, aunque la realidad decía que habían cerrado la Liguilla como colistas, compartiendo el sótano con San Antonio, que había perdido en la última jornada con Hosanna.

“Jugamos con el corazón, por la camiseta, porque teníamos más ganas de quedarnos con la victoria que Trasandino. Teníamos una motivación más, ya que era imposible que dieran la vuelta en nuestra casa”, dijo Andrés Carrasco terminado el partido en el norte.

Diez años después, San Carrasco lo analiza así: “Jugamos un partido, no queríamos perder de local y el resultado favoreció a Curicó. Nosotros no teníamos nada que celebrar. Sí ustedes porque aunque habían hecho una buena campaña, dependían del resultado de Trasandino con nosotros. En Iquique hicimos una mala campaña y no podíamos cerrarlo con que viniera Trasandino y levantara la copa acá. El orgullo y aparte que viniera acá otro equipo y fuera campeón nos iba a doler más todavía. Se juntó el tema del premio y del orgullo de que no podían ser campeones acá”.

-¿Cómo fue ese partido en Iquique, Andrés?
Fue parejo pero no fue de meta y ponga. Fue más de juego en el mediocampo. Ellos tuvieron un par de ocasiones pero no fueron muchas opciones claras. Buscábamos amargarle la fiesta a Trasandino y con el empate estábamos bien. Igual no atacamos tanto en ese partido. Pero sí cuando nos hicieron el gol, ahí despertamos y nos fuimos arriba.

-En Curicó te transformaste en San Carrasco
La gente allá, cuando llegué, sabía lo que había pasado y ustedes (en el programa “Curicó Unido en el Corazón”, al cual fue de invitado en 2006) me lo hicieron sentir. Fue gracias al gol que hice pero nosotros como iquiqueños no logramos nada, salimos últimos de la Liguilla… Aunque recibir el cariño en otro lado también es bonito.

En la cálida noche de Iquique 2005, el técnico de Trasandino Miguel Alegre estaba tumbado. Como Jaime Nova en 2004. “Estoy triste por lo que pasó pero no quiero culpar a nadie. Ojalá Iquique siempre jugara así. Tuvimos dos expulsados y no pudimos mantener el 1-0. Después de la derrota no hay excusas y esto se terminó”.

En el mismo pasto donde Curicó se tuvo que proteger para no ser agredido, donde los jugadores de Iquique buscaban la riña para superar la derrota 26 días antes, allí mismo los futbolistas de Trasandino lloraban desconsolados. Y los de Iquique reían con una mueca socarrona.

“¡En Iquique no se da la vuelta!”, gritaban los pocos hinchas iquiqueños. La figura de Trasandino, David Córdova, saltó la reja y encaró a los molestosos. Casi se van a las manos.

Los de Trasandino estaban abrumados. Aparte del título y el ascenso, de celebrar su centenario en el profesionalismo el 2006, los jugadores tenían un incentivo inigualable: 50 millones de pesos por subir.

“Eran 30 millones de recaudación a repartir, plata que se hizo durante el año. Y teníamos 20 millones de pesos más que había puesto un empresario de Los Andes si nosotros subíamos. Patricio Cornejo,  dueño de colegios y otras cosas ¡50 millones en total!”, relata al presente el arquero Cristian Romo, quien profundiza en el tema de los incentivos:

“Yo era uno de los cabecillas del equipo junto a David Allende y Sergio Fernández y conversamos con Manuel Rivera, presidente de Trasandino, para que pusiera plata a Iquique y él nos dijo que quería ser el equipo más transparente del campeonato. Y estábamos hablando de Tercera División. Nosotros le dijimos que como la plata del premio era alta, estábamos dispuestos a ceder parte de esa plata. Hablamos con él cuando llegamos a Iquique pero no quiso hacer nada”.

 

Por Leonardo Salazar Molina, Periodista.

 

 

2 Comments

  1. Gonzalo Briones Contardo

    Sin duda alguna, el día más lindo del Curi en su historia. Y cada vez que lo recuerdo me emociono y la alegría me invade por completo.
    Gracias Leo por entregarnos esos detalles que uno no sabía o había escuchado solamente como rumores.
    Para mi la copa ganada el 2005 de campeones de 3ra división siempre será la más linda e inolvidable, porque pude estar ahí presente y vivir lo más hermoso del fútbol, gritar campeón con el Curi por primera vez…
    Gracias a la vida por ser curicano.

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