LOS AUTÉNTICOS DUODÉCIMOS

Fue justa. La ubicación de Curicó Unido en su primer torneo largo de la historia en Primera División fue un equilibrado, satisfactorio y ameno duodécimo lugar entre 16 equipos. Aquel puesto representa una entrada definitiva al fútbol estelar cuantitativamente meritoria y con varias cualidades a destacar, sobre todo analizando lo que pasó dentro de la cancha.

 

El 12° lugar fue el mismo con el que se terminó la primera rueda. Quizás es esta una señal para los directivos que se afiebraron a mitad de temporada con sueños internacionales y pensaron que esa posición era una afrenta para tan potente, poderosa y magnánima institución como Curicó.

Lo cierto es que 12° es lo que somos. Y a mucha honra. Curicó Unido logró mostrar momentos de buen fútbol destacados por el medio futbolístico nacional, tanto en la primera rueda como en la segunda. Sus presentaciones ante Audax Italiano y La Calera en La Granja quedaron grabadas como exposiciones de alto nivel, como para aferrarse a ellas y construir el modelo de juego desde allí.

 

¿Cuál fue ese modelo? Claramente el de la preponderancia del toque de balón y del armado por bajo, con matices propios de un equipo que tuvo dos mandos técnicos en la temporada, aunque ambos privilegiaran lo mismo: la posesión de pelota. Ejemplo de ello es que el jugador con más minutos en cancha fue el capitán Martín Cortés, que jugó el 95 por ciento de los minutos. En Martín se representó el baby fútbol, marcó un golazo ante Universidad Católica en La Granja y fue el más regular, más allá de que el vistoso fue Ricardo Blanco.

 

Lo de Blanco es especial. El tipo tuvo la paciencia necesaria para esperar su momento y explotar. Estuvo en 28 de 30 partidos pero solo en 10 jugó los 90 minutos. Entró, salió, jugó por el centro y por un costado y siempre se fue acomodando e intentando explotar sus virtudes. Blanco es parte de los cinco jugadores que Jaime Vera solicitó como prioridad número uno para las renovaciones, junto a Daniel Franco, Franco Bechtholdt, Mauro Quiroga y Gabriel Vargas.

 

La obsesión ahora de Vera es convocar a Gonzalo Bustamante, el argentino que brilló con él en Iquique y desplazar a Blanco a la izquierda. O a la derecha: en el último partido ante la U fue Blanco el que le solicitó a Vera jugar por esa banda, toda vez que el DT había ordenado inicialmente a Cavalleri por derecha y a Blanco por izquierda. Blanco le dijo que en perfil cambiado se sentía más cómodo. Y así fue. No solo desde la diestra gestó un hermoso gol, sino que aprovechó su regate endemoniado hacia el centro y por bajo.

 

El año curicano también tuvo un alto protagonismo dirigencial. El primer presidente del club, Pablo Milad, que ya había sido candidato a la testera de la ANFP, dejó su cargo para asumir como intendente regional. Su sucesor, Freddy Palma, terminó siendo parte de una de las listas para las nuevas elecciones de la Asociación y Juan Pablo Cárdenas, histórico dirigente y actual socio y abogado asesor del club, se alineó en otra. Los curicanos en Santiago, a la sazón, se escucharon, participaron, y en el caso de Milad trabajaron haciendo lobby por la lista de Jorge Uauy articulando desde Talca los votos y las alianzas pertinentes. Se le encomendó a Milad, de hecho, conquistar el voto de Deportes Melipilla, asunto que no logró. Fue la constatación de que la política sí se cruza con el fútbol.

 

Entremedio la misma dirigencia tuvo que cesar de sus funciones a un jugador, Mario Briceño, por indisciplina. Parte también del intenso 2018–insistimos- el primer año curicano jugando un torneo largo en Primera de su vida.

Y como el puesto 12, decíamos, es acorde y preciso, será ese rango al que Curicó Unido deberá aspirar para 2019 (bueno ya: podríamos ser décimos o novenos. Hablamos del rango medio o medio bajo ¿Se entiende?). No vengamos con la cantinela de que lo que se viene es pelear de frentón por cupos internacionales. Apliquemos paracetamol, pañitos fríos en la frente y calmemos las tercianas: Curicó Unido crecerá paso a paso y respetando su billetera. No podrán llegar figuras descollantes, porque simplemente no alcanza (Bustamante, en efecto, solicitó inicialmente 25 mil dólares por mes. Si no se baja, no llega).

 

Ese puesto 12, entonces, supondrá necesariamente alguna racha de tres o cuatro partidos sin ganar el próximo año. Claro que el golpe de suerte puede caer. Siempre pasa; Calera hoy, Cobresal ayer, San Felipe antes de ayer y siga contando… pero argumentamos con probabilidades más que porque uno vea el futuro o aplique mera lógica a una actividad con mucho de irrazonable pero con método y sensatez como todo, al fin y al cabo.

 

Así que por lo anterior desde ya me anoto: Cuando la manada vaya a buscar la cabeza de Vera, tipo mayo o junio de 2019, ahí estaremos para defenderla (obviamente corre la excepción en catástrofes como seis, siete u ocho partidos perdidos en línea). Pues cortando una y otra vez los trabajos porque estamos en la medianía de la tabla y todos queremos más, terminaremos siempre adquiriendo menos. Dejémonos de payasadas: El puesto 12 es fenomenal. Y si usted, señor dirigente, amigo hincha, quiere aspirar a más, tenga paciencia para armar el cuento con seriedad y sostén institucional. El resto es pan para hoy y hambre para mañana.

 

Por Leonardo Salazar Molina, Periodista.

 

 

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