LA MADURACIÓN DEL FÚTBOL JOVEN

Una buena noticia: El Fútbol Joven de Curicó Unido aseguró su permanencia en la Primera División de la categoría. Esto, sumado al mismo objetivo cumplido por el equipo estelar, proyecta un buen futuro para la institución… Siempre y cuando se trabaje en el presente, con planes y visiones que estén a la altura.

El quid del asunto es construir un programa del que se habla mucho pero se ejecuta poco. La creación de un Proyecto Deportivo supone para Curicó –o para cualquier equipo- una estrategia de hacia dónde se quiere ir, esencialmente en el mediano y largo plazo. Y en una corporación como la albirroja el epicentro de ese proyecto deberá ser el crecimiento del fútbol formativo y juvenil.

 

Lo primero que se necesita para armar ese plan es contratar a un profesional del área que esté abocado cien por ciento a la tarea. No sirve un jefe de cadetes que dirija a una categoría, asista en las coordinaciones del primer equipo, corte los boletos en la tribuna y se encargue del café del mediotiempo. Para profesionalizar el club se necesita un especialista bien remunerado y que represente todos y cada uno de los planes que tiene la institución en su parte deportiva. Un experimentado en el tema. Y más allá de los nombres propios, alternativas en el mercado nacional hay. No estamos buscando a un marciano que nos dé, cual líder místico, la receta de la felicidad. Estamos buscando un gallo que trabaje y que sepa del asunto, como Zenén Valenzuela o Jorge Deschamps, por citar solo a dos.

 

Por cierto este profesional no tendrá que ser visado por el entrenador de turno. Tampoco deberá buscar el puesto como un trampolín para agarrar el mando técnico ante alguna emergencia. No. Estará sobre la contingencia y su principal y gran tarea será comandar la captación de nuevos valores, revisar la forma futbolística/táctica en que Curicó Unido quiere sustentarse y liderar el gran abanico de necesidades complementarias que se requieren en el fútbol formativo moderno (apoyo pedagógico, social, psicológico, nutricional, etc.).

 

Desde esa carta de navegación construida por aquel experto, Curicó podrá acelerar la formación de nuevas figuras, asentar sus objetivos sociales en las divisiones menores y proyectarse verdaderamente en el tiempo. Acá dará lo mismo si el primer equipo dio el golpe de gracia y llegó a la Copa Sudamericana o no. Si el técnico de turno completó su proceso o lo sacaron a la primera rachita negativa (cosa que pasó y lastimosamente volverá a pasar)… Acá lo relevante será que todo el Fútbol Joven curicano seguirá una línea. Trabajará en base a una idea matriz y se alimentará de recursos económicos y humanos para completar la tarea.

 

Será entonces un Curicó que, por ejemplo, realizará giras veraniegas para los chicos de manera sostenida. Un Curicó que en su serie Sub 17 viajará cada año a un torneo internacional, con todo el crecimiento que eso acarrea para los juveniles. Un equipo que tendrá charlas extraprogramáticas mensuales, si no semanales, con especialistas de diferentes áreas. Un club que se encargará de acompañar al jugador desde los 13 años, prometiéndole entender el mundo del fútbol y de la vida, no solamente enseñándole cómo se le pega a un balón. Un Curicó que establecerá los límites de las representantes y de los padres, y que estará atento a los avances físicos y futbolísticos del mundo globalizado. Una institución que, con esto, se corresponderá con su rol corporativo y profesional. Será un Curicó Unido que genuinamente pensará en el futuro, porque se ocupó con seriedad del presente, sin embriagarse con el resultado del domingo en el equipo mayor.

 

En la historia, Curicó Unido ha trabajado con divisiones inferiores desde el año cero. En abril de 1973, con el cemento de la fundación todavía fresco, Antonio Ibarra Jorquera se hizo cargo de la llamada “rama infantil”. Sergio Urtubia fue el primer cazatalentos, el entrenador detrás de las figuras de casa. Los chicos, entonces, jugaban como preliminar del equipo estelar y “Semillería Aurora” sería el primer sponsor en la camiseta de cadetes iniciando los 80.

Comenzarían a sonar, con el tiempo, los nombres de varios jugadores, dirigidos por Ricardo Oteíza, Luis Hernán Álvarez, Samuel Reyes, Manuel Rivera, John Castro, Manuel Araya, Juan Aliaga y Damián Muñoz, entre otros.

Pablo Helmo fue el primer jugador de casa relevante… Siguieron otros como Luis González, Rodolfo Miranda,  Larry Aliaga, Marcos Fuentes, Julio Saavedra, Jerónimo Gallardo y Manuel Díaz.

 

En el verano de 1988 los juveniles de Curicó Unido se coronaron campeones del Torneo ANFP correspondiente a la sexta y séptima región. Fue el primer gran logro que se repetiría en varias categorías casi 30 años después.

 

El paréntesis de 15 años en Tercera División complicó todo, pero con el regreso, también volvieron los chicos, y escuchamos a los Rodrigo Pavez, Carlos Pozo, Maximiliano Paredes, Joaquín Ábrigo y Jior Ramírez. Hoy, Kenett Lara y amigos son solo los de la foto portada del momento. Hay una historia que se sigue y un Fútbol Joven que está en el momento justo para madurar.

 

Plata habrá; gestión, ojalá. El futuro depende del presente.

 

Por Leonardo Salazar Molina, Periodista.

 

 

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